31/01/2014 Semana Trgica

Descamisados rusos en la Semana Trgica?

Junto con el 17 de octubre, la movilización obrera de enero de 1919 es una de las más importantes de nuestra historia. Pero, a diferencia de la primera y aún con la gran resonancia que tuvo en su momento, pareció quedar como un hecho aislado, sin ligazón con los capítulos siguientes de la lucha popular.

Javier Trmboli

Por Javier Trmboli



“La metáfora es cosa de putos”. De un personaje de una obra reciente de Mauricio Kartún surgen estas palabras. De una “niña” guasa que pasa sus vacaciones con sus primos frente al mar en un club exclusivo, aburrida de que no haya más plan que dispararle a las palomas. Enero de 1919.

La guerra en Europa ya terminó pero sus efectos no. En el barrio porteño de Pompeya, la metalúrgica Vasena ahorra costos contratando a trabajadores inmigrantes en situación miserable. Sin embargo, los intentos de organización sindical no se detienen, tampoco la decisión de la empresa de abortarlos. En noviembre de 1918 comienza la huelga que Vasena quiere sortear contratando carneros. “Crumiros” los llaman los obreros y hacen todo para impedir que ingresen a la fábrica. Desde los primeros días del nuevo año el asunto se complica más. Porque interviene la policía y hay disparos de un lado y de otro. Muere un oficial y la venganza deja cuatro obreros muertos y más de treinta heridos, varios de gravedad. El 9 de enero hay paro general y miles de trabajadores se reúnen en Pompeya para acompañar a sus camaradas al cementerio de la Chacarita. En Mar del Plata paran hasta los caddies.

La masividad de la protesta sorprende. “La gente de los cafés, que durante todo el año no ha tenido nada que ver con el movimiento obrero, a pesar de ser también obreros, da vueltas por aquí con rostros furibundos y miradas llameantes.” Queda escrito en un testimonio –Pesadilla de Pinie Wald- y el movimiento que lleva a la “gente de los cafés” a identificarse como obreros deja ver la magnitud del asunto. ¿Quién organiza esto? En Buenos Aires, sólo un quinto de los trabajadores está vinculado a los sindicatos y la movilización ampliamente los excede. Al paso del cortejo fúnebre queda incendiado el convento de Corrientes y Yatay. No hay autoría clara. Arden también los tranvías pero con método y firma.

“En una quinta en San Isidro veranea la familia de Carlos Ibarguren. En sus memorias publicadas en 1955, rememora el cortejo fúnebre de 1919 como a una “muchedumbre de descamisados (…) el uso de esta expresión introduce de lleno al fenómeno en nuestra historia, en la previa y en la que vendrá”.


La Razón: “Viajeros procedentes de Moscú anuncian que Trotsky después de haber ordenado el arresto de Lenin, asumió la dictadura e inició el alistamiento de millares de chinos en el ejército rojo.” Noticias como ésta se ensamblan con los hechos que agitan a Buenos Aires, a Rosario, a Mar del Plata.

En una quinta en San Isidro veranea la familia de Carlos Ibarguren. En sus memorias publicadas en 1955, rememora el cortejo fúnebre de 1919 como a una “muchedumbre de descamisados”. En la escritura de quien sería un alto funcionario de la dictadura de Uriburu –además del autor de un libro fundamental sobre Rosas-, el uso de esta expresión introduce de lleno al fenómeno en nuestra historia, en la previa y en la que vendrá. Pero no es lo que prima.

Al día siguiente, la Plaza del Congreso reúne a otra multitud. Vacaciones suspendidas, llegan en auto y armados. Hay incluso simpatizantes del radicalismo, comerciantes y empleados. Demasiado propenso se había mostrado Yrigoyen a entenderse con los sindicatos que desde 1916 se anotan resonantes victorias. Se teme que el “Peludo” encarne el papel de Kerenski, el dirigente moderado ruso que abrió el camino a la revolución bolchevique. Tampoco se puede confiar en la policía. Basta de metáforas, se trata de salir a cazar ya no palomas sino maximalistas, es decir, rusos, judíos. En Villa Crespo los muertos se cuentan por centenares. En la pieza teatral, los primos toman merca –cocó- para envalentonarse y se sirven de un empleado fornido, hijo de inmigrantes italianos, que duerme en el “ala de criados” pero no es criado. Se ensañan contra la Biblioteca Juventud Moderna que efectivamente fue destruida.

Aunque conciente de la gravedad de la cuestión social, Ibarguren no tiene dudas de que todo fue un complot soviético. Pedro –Pinie- Wald es el acusado principal, nuestro Lenin. En idisch escribe su pesadilla que permanece encriptada más de 50 años hasta que en 1987 se traduce al castellano, cuando los suplicios por él vividos encuentran parentesco con los de la dictadura. Cuando el miedo afloja. ¿Cómo decirlo? Wald es otro “fusilado que vive” pero Walsh no llegó a conocerlo.

Pasada la euforia, el final de la obra de Kartún es de reconciliación con los eufemismos. Hecho el trabajo sucio, la “niña” se desentiende de la bestialidad de los criados que tan útil le ha sido y se hace poeta. Aun cuando la palabra apenas sobrevolaba su cuna europea, esto ya era el fascismo. Nuestra clase dominante prefiere hacer las peores cosas con palabras bellas. El problema es el de los gobiernos con aliento popular que ven crecer la represión a su alrededor e incluso la sobreviven. Jaqueado, el radicalismo conoció sus límites en el verano de 1919.
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