11/01/2014 jefe militar

Ariel Sharon: Hroe para Israel, criminal para los palestinos

Ariel Sharon fue un protagonista central del conflicto en Medio Oriente y uno de los más polémicos, considerado por los israelíes un jefe militar que salvó a Israel de su destrucción pero visto por los palestinos como ejecutor y arquitecto de crímenes de guerra imperdonables.

Toda la vida del ex primer ministro israelí, como militar primero y como político ya en sus últimos años, estuvo signada por una obsesión: garantizar la seguridad del Estado judío.

Hijo de padres bielorrusos, nació en 1928 en una cooperativa agrícola (kibutz) en el protectorado británico de Palestina y con apenas 14 años se enlistó en la Haganah, grupo paramilitar judío al que también pertenecieron el ex premier Isaac Rabin y el actual presidente Shimon Peres, ambos premios Nobel de la Paz.

Arik, como lo llamaba su madre y luego lo apodaron sus amigos, colegas y gran parte de los israelíes, peleó como soldado desde muy joven, pero fue recién en 1953 cuando su nombre comenzó a ser conocido entre los dirigentes israelíes.

En octubre de ese año fue citado por primera vez por David Ben-Gurion, padre fundador del Estado israelí, para discutir la masacre de Qibya, entonces territorio jordano -hoy Cisjordania-, denunciada por el Departamento de Estado norteamericano.

En esa operación, el joven teniente había dinamitado 45 casas y matado a 67 palestinos, entre ellos mujeres y niños, en represalia por la muerte de una mujer israelí y sus dos hijos.

Tres años después, Sharon fue ascendido a comandante de una brigada de paracaidistas.

Sharon peleó contra los países árabes en la Guerra de los Seis Días de 1967, pero ganó fama en los años posteriores como el comandante general de la región militar sur que arrasó con la resistencia palestina en la Franja de Gaza.

Entre sus métodos se destacaban el uso de informantes encapuchados que entraban a la noche y detenían a sus compatriotas, el asesinato de activistas y militantes, y la constante vigilancia de los campos de refugiados.

Pero fue su rol en la toma de la Península del Sinaí en la guerra del Iom Kipur de 1973 contra Siria y Egipto lo que le valió el status de héroe nacional para muchos y el mote de "Arik, rey de Israel".

El reconocimiento popular fue lo que le facilitó la transición a la arena política de su país.

Durante dos años fue asesor de seguridad del asesinado Rabin, y en 1977 fue electo por primera vez en el Parlamento, lo que le permitió acceder al cargo de ministro de Agricultura, hasta 1981.

Si bien ya era un nombre conocido entre los palestinos, fue al año siguiente y como ministro de Defensa que su imagen quedó para siempre impresa en la memoria colectiva palestina.

Tras la invasión al Líbano, Sharon preparó y dirigió la ofensiva del Ejército israelí hacia Beirut para expulsar a la Organización de Liberación Palestina (OLP) y, como lo demostró una comisión de investigación israelí, fue "indirectamente responsable" de la masacre de palestinos en dos campos de refugiados palestinos.

Durante dos días y ante la mirada impávida de los jefes militares israelíes, entre 200 y 300 milicianos cristianos libaneses masacraron y abusaron de la población de los campos de refugiados de Sabra y Chatila.

Israel calculó que 800 refugiados palestinos fueron asesinados. La Cruz Roja Palestina estimó que el saldo de víctimas fue superior a 2.000.

Ante la condena internacional y pese a sus antecedentes en la guerra de Iom Kipur, Sharon fue removido de su cargo en 1983, y tuvo que esperar 15 años para su gran retorno.

En 1998 el entonces primer ministro Benjamin Netanyahu lo llamó a sumarse a su gabinete como canciller y rápidamente volvió a ganarse el apoyo de los sectores nacionalistas y conservadores.

Ante la dimisión de Netanyahu como candidato del Likud para las elecciones de primer ministro de 1999, Sharon se convirtió en el líder del partido de derecha.

Como líder de la oposición conservadora, Sharon visitó el 28 de septiembre de 2000 la Explanada de las Mezquitas (o Monte del Templo para los judíos) de Jerusalén, un lugar santo para los musulmanes.

"Estoy aquí porque con mi presencia quiero demostrar que el Monte del Templo nos pertenece", sentenció Arik.

Sus palabras desataron de inmediato la ira de los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza, y la sociedad israelí reaccionó a la escalada de violencia votando de vuelta a la derecha, ahora liderada por Sharon.

La segunda Intifada, como se conoció al violento levantamiento palestino que duró más de cinco años y marcó el fin de los acuerdos de paz de Oslo, se cobró la vida de casi 5.000 personas, en su mayoría palestinos, y entre ellas 900 menores de edad.

La represión contra los palestinos ordenada por Sharon fue impiadosa, e incluyó el asedio, bloqueo y hasta la destrucción de partes enteras de campos de refugiados en Cisjordania.

Pese al repudio internacional, la popularidad de Sharon dentro de Israel estaba intacta cuando el 4 de enero de 2006 el premier sufrió una grave hemorragia cerebral como consecuencia de un infarto cerebral que había tenido apenas dos semanas antes.

Desde entonces el líder israelí permanecía en coma profundo y en un virtual estado vegetativo.

Como primer ministro, Sharon demostró ser más pragmático de lo que sus rivales políticos creían.

Pese a haber sido un ferviente defensor e impulsor de la política de colonización a través de los asentamientos, fue el único premier que concretó la retirada total de las colonias israelíes en la Franja de Gaza, en 2005, una decisión que lo enfrentó con sus propios aliados.

Más aún, pese a haber ridiculizado la idea de la construcción de un muro para separar las dos poblaciones, que según su opinión nunca iban a coexistir pacíficamente, aceptó el pedido de sus aliados y ordenó la construcción del Muro de Separación, que actualmente divide Israel de Cisjordania.

En el trazado, el muro, que fue condenado por el Tribunal de la Haya, anexa de hecho el 10% del territorio de Cisjordania.

Tras ocho años en coma, la figura de Sharon dejó de pesar en el día a día de la política israelí, pero su legado sigue presente en las negociaciones de paz con los palestinos y en la tensión que marca el ritmo político de un Medio Oriente al que él mismo ayudó a moldear.