01.12.2013 11:32
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Distinguen a la psicopedagoga Constanza Orbaiz, que milita por una mirada distinta de la discapacidad

La especialista -quien convive con una parálisis cerebral, atiende a niños con el mismo cuadro y es una de los Diez Jóvenes Sobresalientes del 2013-, promueve una nueva mirada de la discapacidad, que prvilegia el punto de vista del paciente.


“En una sociedad donde la espera está mal vista, donde todo tiene que ser ya, se busca aprovechar el tiempo. Yo estoy de acuerdo con que los primeros años del niño son muy importantes, y justamente por eso hay que cuidar qué hace y con quién está”, dijo.

“Pero tener tiempo para jugar o descansar, no es un tiempo perdido”, afirmó en relación a las múltiples, simultáneas y extenuantes terapias de rehabilitación (kinesiología, fisioterapia, terapia ocupacional, fonoaudiología, psicología, psicopedagogía, etc.) a las que muchas veces son sometidos los chicos con parálisis cerebral.

“Yo no sería quien soy si no hubiera jugado tanto, si no hubiera tenido tanto tiempo libre. En mi caso, los momentos en que hice más terapia no fueron buenos”, agregó.

A María Constanza Orbaiz, una hipoxia en el momento del parto -hace 30 años- le dejó como secuela permanente una parálisis cerebral que afecta sus cuatro miembros produciéndole dificultades para caminar, hablar y en su motricidad fina.

Hace dos semanas, Constanza fue galardonada con el premio TOYP (siglas en inglés de Los Jóvenes Sobresalientes), una iniciativa de la organización Cámara Junior Internacional (JCI) que premia anualmente en cada país a diez personas de entre 18 y 40 años que se destacaron por su aporte a la sociedad. Y ella ganó este año el rubro "superación y logros personales".

Es que si bien hoy Constanza tiene múltiples ocupaciones que hablan de un desarrollo profesional pleno -pues integra el gabinete psicopedagógico de una escuela común; ofrece conferencias y asesoramiento; atiende a chicos en su consultorio particular y estudia la Licenciatura en Psicopedagogía- fueron muchos los obstáculos que tuvo que ir salvando para ello.

Dos medidas de sus padres en relación a ella fueron claves desde el primer momento: enviarla a una escuela común y no exponerla a tratamientos invasivos o jornadas terapéuticas extenuantes.

“No había escuelas que me aceptaran, hasta que encontraron una que era una de las pocas que hacía integración. Yo iba a jardín sólo algunas horas, con mucho apoyo, y cuando empecé la primaria todavía no caminaba, porque eso se dio a los 7 años”, dice.

Constanza tiene un grato recuerdo de “su” escuela, aunque reconoce que, al transitarla, encontró tanto personas que confiaron en ella como otras que “veían más lo que me faltaba”.

Y pese a la fuerza de voluntad y decisión de “Coni”, las dificultades para seguir el ritmo de trabajo en el aula y sobrellevar las jornadas escolares sin extenuarse, fueron abriendo una brecha con el resto del alumnado que se acrecentó en los últimos años.

“Pero terminé la primaria y surgió la posibilidad de seguir. Algunos me dijeron que iba a ser difícil continuar en el secundario, pero la directora del próximo colegio confió mucho en mí y eso me llenó de energía”, contó.

Y así como Constanza se había planteado nuevas metas al finalizar cada nivel, al terminar el secundario no se achicó ante la posibilidad de seguir una carrera universitaria.

“A mí siempre me interesó el trabajo con chicos con discapacidad y me decidí por psicopedagogía. La hice en el doble del tiempo y fue un lindo camino, aunque difícil”, contó.

Pero además de ejercer su profesión en una escuela común y en su consultorio, Constanza reserva parte de su tiempo para el activismo a favor de una nueva perspectiva en el abordaje de la discapacidad; una que privilegie las necesidades, potencialidades y gustos de la persona con dificultades motoras. Y su proyecto, que incluye un perfil de Facebook, un blog así como charlas y conferencias, se llama “Desde Adentro”.

“Empecé hace casi dos años, porque veía que no había nada sobre qué le pasaba al niño. Y fundamentalmente, no había nada desde esta mirada de la importancia del tiempo libre, de incluir el juego en las terapias, del vínculo con el terapeuta... Así que empecé a armar pequeños párrafos desde un perfil de Facebook” (“Desde adentro una mirada diferente”), que hoy siguen casi 700 personas.

A Orbaiz le preocupa también la falta de un abordaje integral de la discapacidad, un sistema de salud que “robotiza a los terapeutas”, la prescripción de tratamientos invasivos frecuentes(como operaciones) y la falta de acompañamiento a los padres.

Y como aún hay tanto para hacer, Constanza tiene muchos proyectos para el futuro, en la línea de la senda ya trazada.

“Quiero seguir fomentando esto de la conciencia del paciente, difundirlo a las instituciones que quieran, dar talleres... Yo sé que mi testimonio de vida es importante pero a mí me interesa que el profesional se forme, porque lo demás está implícito”, dijo.