30/11/2013 Mara Moreno

Esa manera astuta de no tener amos sin lmites

La escritora, ensayista y periodista María Moreno prepara una biografía para la cual también vendrá a Mar del Plata, pero entretanto este año reeditó su novela, El affair Skeffington, y un libro de preferencias literarias, Subrayados, donde deja claro por qué es tan difícil situar su escritura, que desprecia las canonjías con las que se subsidia la crítica profesional.

Por Pablo E. Chacn

El affair…, publicada por la casa Mansalva, dirigida por el poeta y editor Francisco Garamona; y Subrayados, en la editorial Mar Dulce, bajo la dirección del escritor y editor Damián Tabarovsky, son dos muestras de que la mejor literatura no está (o no debería estar) en manos de burócratas o administradores.
 
María Moreno (María Cristina Forero) nació en Buenos Aires. En los 80 fue secretaria de redacción del diario Tiempo Argentino donde creó el suplemento La Mujer. En 1984 fundó Alfonsina, el primer periódico feminista del período democrático.
 
Publicó, entre otros libros, El petiso orejudo, Banco a la sombra y El fin del sexo y otras mentiras.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : ¿Cómo leés El affair... después de su primera edición en el actual contexto de las poéticas argentinas?
M : No hay contexto de las poéticas argentinas, es una novela en donde el personaje escribe algo que no parece muy bien traducido y del que no hay original ni figura el traductor.  Lo que más me impresiona es recordar los referentes absolutamente autobiográficos pero donde personajes y escenas son ficciones hechas en base a una investigación estricta. Es un golem berreta de google. También una manera de sacar del presente debates que empezaban en el feminismo de ese momento para trasladarlos a la fundación del modernismo. Yo soy Dolly: sus teorías son las mía, explico en el postfacio.
 
T : Si lo tomáramos a la letra, ¿sería un texto prefreudiano o posfreudiano?
M : Es un texto feminista freudiano. No hay ya feministas como Freud y muy pocas feministas lo rescatan. No hay que leerlo literalmente. Ese texto sobre  la joven homosexual en donde dice que la heterosexualidad es también una renuncia a parte de la libido sigue siendo subversivo. Pero hemos de tener en cuenta que también la sexualidad normal reposa en una limitación de la elección de objeto, y que en general la empresa de convertir en heterosexual a un homosexual llegado a su completo desarrollo no tiene muchas más probabilidades de éxito que la labor contraria, sólo que ésta última no se intenta nunca, naturalmente, por evidentes motivos prácticos, escribe Freud. La heterosexualidad sería algo práctico: ¿qué teórico queer ha llegado a sugerir algo así?
 
T : ¿Hubieran echado a María Moreno de las reuniones de los miércoles?
M : No, habría sido muy olfa y seguramente me hubiera enloquecido y suicidado en una performance histérica. Hay una mujer  personaje en la última novela de Piglia que dice: A mi edad no se envejece, se enloquece.
 
T : Subrayados, ¿es un libro de preferencias, de obligaciones, de ambas cosas? ¿Cómo elegís presentarlo?
M : Mis preferencias nunca fueron diferentes de mis obligaciones. Es una manera astuta de no tener amos sin límites.
 
T : Lo que alguna vez se llamó la vanguardia, ¿dónde está hoy en la Argentina?
M : La vanguardia siempre estuvo a nuestras espaldas. Aunque también podría haber sido de vanguardia la vida y muerte de Ricardo Fort que se hizo más operaciones que Orlan pero cuya performance fue editada por la vituperada farándula -ricos y famosos- y no por la snobeada del Arte.
 
T : ¿Tres libros para destacar a lo largo de este año?
M : Lo que no aprendí, de Margarita García Robayo (Emecé), La puta diabla, de Fito Páez (Mansalva), y Teatro de Operaciones, de María Pía López (Paradiso), en cualquier orden.