27/11/2013 San Luis

Un sacerdote, un mdico y un obispo fueron sealados como cmplices de torturas y vejaciones

En el Tribunal Oral Federal fueron señalados como cómplices de las torturas y vejaciones sufridas en cautiverio por dos ex detenidos durante la última dictadura cívico militar, y un tercero calificó como "delator y botón" al ex gobernador Alberto Rodríguez Saá.

El Tribunal Oral Federal en lo Criminal, presidido por Héctor Cortez, que juzga a 29 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en San Luis, tomó declaración por la mañana a Jorge Alfredo Salinas y Carlos Correa en la octava jornada de audiencias donde las víctimas señalaron al sacerdote Francisco Coccarelli, al obispo Juan Rodolfo Laise y al médico Víctor Ernesto Moreno Recalde como partícipes de los padecimientos sufridos mientras se encontraban privados de su libertad.

Por la tarde, el testigo Aníbal Franklin Oliveras trató de "delator y botón" al exgobernador puntano y excandidato presidencial, Alberto Rodríguez Saá, por haber suscripto junto a otros ciudadanos de San Luis una carta enviada al entonces almirante Eduardo Massera acusando a varias personas de realizar actividades supuestamente sospechosas y contrarias a la dictadura cívico militar.

También Oliveras afirmó que "Alberto Rodríguez Saá es el responsable de la ignominia de haber construido un Museo en la capital puntana donde antes estaba el edificio de la Jefatura Central de Policía, que fue un centro de detención clandestino".
Jorge Alfredo Salinas fue detenido por el grupo de tareas que conformaba personal del Ejército, la policía federal y la provincial en dos oportunidades.

La primera vez, a fines de junio de 1976, lo sacaron de su casa paterna a las 5 de la mañana aludiendo que en la escuela en la que trabajaba como docente suplente se había producido un incendio y debía acompañarlos para ayudar.

Salinas fue trasladado a una comisaría de la localidad de San Roque donde fue despojado de su ropa y obligado a permanecer semidesnudo en un cabolozo frío donde no recibió alimentos "por cuatro o cinco días".

Fue luego interrogado por el capitán Esteban Plá, quien entre golpes e insultos pretendía que reconociera a compañeros de militancia cuyas fotografías le mostraba en medio de las torturas.

Logró su libertad luego de firmar un acta en la que constaba que había estado detenido por "averiguación de antecedentes", y fue vuelto a encarcelar en el mes de agosto de 1977.

El testigo Aníbal Franklin Oliveras trató de "delator y botón" al ex gobernador puntano y ex candidato presidencial, Alberto Rodríguez Saá


Compartió su cautiverio con Miguel Landro y en oportunidades con Carlos Morel, Alejo Sosa y otros detendidos.

Salinas relató que al momento de su detención era militante de la Juventud Universitaria Peronista, estudiante de psicología y pedagogía de la Universidad Nacional de San Luis y ayudante de cátedra del exrector de esa casa, el desaparecido Mauricio López.

"Llevábamos adelante un centro de capacitación laboral barrial, nos dedicábamos a la educación de adultos y pusimos en marcha el plan de reactivación educativa en 1974 con el método de Paulo Freire, con el que detectamos un 20 % de analfabetismo en la provincia", dijo.

Recordó que en una oportunidad lo visitÓ en la cárcel el sacerdote Francisco Coccarelli, quien llegó al calabozo con un paquete de yerba y les pidió que prepararan un mate.

"Después que el cura se fue, llegó la requisa y nos sacaron todo lo que teníamos escondido, incluído un ajedrez de pan que armábamos todas las semana para poder sobrellevar los duros momentos que pasábamos", señaló.

El sacerdote les habría aconsejado arrepentirse y ser buenos cristianos. "Tienen que confesar -señaló que dijo durante su visita- acá se persigue a los rojos".

Salinas agregó que la noche de navidad de 1977 el obispo de San Luis, Juan Rodolfo Laise, celebró misa en el penal pero pidió que no se invitara a quienes estaban acusados de subversión, lo que provocó que ningún preso asistiera, por lo que finalmente "nos llevaron a misa y nos pararon en el altar frente a todo el penal".

La víctima reconoció ante el Tribunal su amistad y admiración por Santana Alcaraz, el estudiante de La Toma, desaparecido en esa época, y señaló que una de las amenazas que se le hacían reiteradamente era que iba "a terminar como Santana Alcaraz, con un tiro en la nuca en Las Salinas del Bebedero".

Por su parte, Carlos Correa fue encarcelado en 1976 y permaneció preso hasta 1983. Al momento de su detención trabajaba en Vialidad Provincial y era dirigente gremial de ATE. También lo sacaron de su domicilio con engaños y sufrió torturas "permanentes" en gran parte de su cautiverio.

Como consecuencia de las torturas, permaneció 14 días sin poder comer nada sólido porque le sacaron la mandíbula de una patada, le quebraron las costillas y por ello hoy padece una enfermedad cardíaca.

Recordó que fue visitado en la penitenciaría por el médico Moreno Recalde y Omar Caram al que les pidió por escrito -no podía articular palabra- un calmante para su dolor. "Me prometieron que me lo darían y aún estoy esperando", concluyó.