27/11/2013 libro

Un viaje imperdible por los colores primarios

En "Los colores primarios", Alexander Theroux embarca al lector en un viaje imperdible por el azul, el amarillo y el rojo y en el afán de mostrar las posibilidades ilimitadas de esta tríada hace irrumpir en el texto citas literarias, apuntes históricos, geografías, películas y datos botánicos, entre otras pinceladas.

Por Mora Cordeu

"Es extraño cómo los colores parecen penetrarnos tal como lo hace un aroma", dice Dorothe Brooke en Middlemarch de George Eliot, la cita elegida por Theroux para enmarcar este viaje imaginario, cultural, que tiene tanto de aventura y exotismo como aquellos reales convertidos también en literatura por su hermano Paul.
 
El escritor nos propone un acercamiento inusual a estos colores, al mostrarlos como se perciben en la naturaleza y en el arte, en un entramado de perspectivas donde las palabras se convierten en imágenes, sonidos, momentos, según diversas culturas e incluso  impresiones individuales. 
 
"El azul es un color misterioso, el tono de la enfermedad y la nobleza, el color más raro en el reino natural. Es el color de las profundidades ambiguas, de los cielos y, al mismo tiempo, de los abismos; azul es el color del lado de la sombra, el tinte de lo maravilloso y de lo inexplicable", enumera el autor de este libro, recién publicado por La Bestia Equilátera.
 
"También es el Vacío: simplicidad primordial e infinito espacio que, siendo vacíos, pueden contenerlo todo o nada.’ Vi a Venecia triste y azul porque a ella no le importó`, canta el despechado Charles Aznavour", menciona Theroux (Massachusetts, 1939).
 
Y nombra las máscaras de mosaico de los incas y los hilos azules usados en antiguos bordados de la necrópolis de Paracas, en Perú, telas hechas con plumas de guacamayo, "Los hilos azules aparecen también en las antiguas vestimentas de lino encontradas tanto en las cuevas de los rollos del Mar Muerto como en Dura-Europos, sobre el Eufrates", precisa.
 
"Qué éxtasis hay en el azul. Jamás imaginé cuán azul podía ser el azul", exclama un personaje de la novela de Nabokov "Risa en la oscuridad", apunta Theroux y recuerda que "son las semillas de amapola azul las que alcanzan el precio más alto en el mercado internacional de flores".
 
"Y quien podría olvidar ese extraño relato de Octavio Paz llamado `El ramo azul`, donde un sujeto desafortunado, en una noche oscura, fatalmente es atacado por un insistente ladrón armado de un cuchillo, que dice con voz suave: `Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos azules`".
 
En lo que hace al amarillo "es un color que tiene, para toda su dramática inalterabilidad, miles de significados. Insospechadamente, al menos para mí, es la primera referencia de un niño en materia de colores", afirma el autor de las novelas "Three Wogs", "An Adultery",  "Darconville`s Cat" y "Laura Warholicor, The sexual intellectual". 
 
"La Pascua es amarilla. También la primavera y gran parte de la belleza del otoño. Tiene reminiscencias de cuerno antiguo, de moneda falsa, de la artemisia y el sol generoso. Es el color de la manteca, del arsénico, las esponjas, la luz de la vela, el pasto famélico, el ámbar traslucido, de los emisores de transmisión catódica en el cableado de bastidores eléctricos", describe.
 
Copia Theroux uno de sus haikus favoritos: "La baja y amarilla/ luna sobre la casa:/dentro, luz de lámpara", de Jack Kerouac.
 
"Y una de las oraciones más magníficas de toda la literatura, que se encuentra en `Moby Dick`, tiene su clave en esta idea: `Una calma intensa, cobriza, como un amarillo loto universal, abría cada vez más sus pétalos callados y desmesurados sobre el mar".
 
"El silencio eterno del gran desierto blanco. Nubosas columnas de nieve avanzan a la deriva desde el sur, pálidos espectros amarillos, que anuncian la tormenta que se avecina, borrando uno por uno los afilados surcos sobre el suelo", escribió el capitán Robert Falcon Scott, antes de morir congelado en la Antártida.
 
"El color tiene un matiz espiritual. Las túnicas color azafrán de los monjes budistas simbolizan renuncia, desapego, humildad. Y para los hindúes el amarillo encarna luz, vida, verdad, inmortalidad". Pero también, "es el color de la deslealtad, la malevolencia y, a menudo, de la traición, el engaño y los celos".
 
Para Theroux "el rojo es el más audaz de todos los colores. Representa la caridad y el sacrifico, el infierno, el amor, la juventud, el fervor, la vanagloria, el pecado y la expiación".
 
Y sigue nombrando: Es el color del azufre en la alquimia, la fuerza en la Cábala, el color hebreo de Dios (...)de la Navidad, la sangre, la carne, el dragón apocalíptico, los guantes de box, un fuego intenso, las manchas en el planeta Júpiter, las marcas de nacimiento y los cardenales de la Iglesia Católica Romana.
 
"Es una idea generalmente aceptada que, de todos los colores, el rojo tiene la mayor intensidad y el más alto poder de atracción. Es al mismo tiempo positivo, agresivo y excitante. Es fuerte, simple, primario", enumera.
 
En la cueva de Altamira, en España, "se puede ver al peludo bisonte rojo, al caballo y al venado salvaje pintados en el techo por el hombre de Cromañón, con estos colores oscuros, entre quince mil y ocho mil años atrás".
 
"Qué extraños e insistentes rojos se encuentra uno en la pintura, como los impactantes cielos de Edvard Munch en `El grito` y `Ansiedad` ¿Y qué hay del brillo de las mejillas ruborizadas de `El alegre bebedor` de Franz Hals? ¿Y el rojo vitral que empleó Manet en los pantalones del joven Pífano? ¿Y qué sería de las pinturas de Hogarth sin sus rojos? (...)"
 
¿O las de Cézanne, cuyas manzanas, como podrán recordar, son una de las pocas cosas, anunciada en su famosa lista en la película `Manhattan`, que hacen que valga la pena vivir la vida, según Woody Allen?, continúa con su lista de rojos Theroux, en una fuente inagotable de ejemplos que pueden ser completados por la memoria, los conocimientos y la propia percepción de sus lectores.