16/10/2013 Teatro Cervantes

Manuel Vicente busca la risa constante en "Chau pap"

Manuel Vicente reúne un elenco destacado para la versión de "Chau papá", de Alberto Adellach, que se estrenó en gira por provincias y ahora se puede ver en la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes.

Por Hctor Puyo


Obra escrita hacia 1971, delata la adhesión del autor hacia el teatro del absurdo europeo y narra las visicitudes de una familia de alcurnia que se enfrenta a la agonía de un padre (Julio Marticorena), notoria figura de la derecha política en épocas de la "revolución libertadora".

Hay dos hijos (Verónica Piaggio, Pablo De Nito), ella con una sexualidad no resuelta, propicia al incesto fraternal, y él con alguna dificultad neurológica, más un tercero (Héctor Díaz), externo a ese mundo y en apariencia de espíritu más sano.

Un hermano del moribundo (Roberto Carnaghi) resulta un fascista de aquéllos, orgulloso del triunfo de su casta sobre "el tirano prófugo" y envidioso de la oratoria de su pariente (él, que siempre es desestimado para los discursos fúnebres).

El hombre llega acompañado por su mujer (Graciela Stefani), una burguesa dada a los toqueteos con el sobrino retrasado, pese a su apariencia de esposa formal y compenetrada con los intereses de su marido, un hombre ajeno a las acciones que el espectador deduce.

El "asesoramiento en dramaturgia escénica" de Andrés Binetti, tal como aparece en el programa de mano, modifica algunos diálogos y minimiza el juego de palabras truncas imaginado por Adellach en ese mundo donde nadie deja terminar las frases del otro.

Vicente saca ventaja de esos diálogos, que en algún momento se transforman en un griterío muy propio de un teatro hiperpopular, casi televisivo, y no le teme al humor francamente escatológico propuesto por el autor, siempre en busca de la risa.

Lo que no se logra, sin embargo, es dar la imagen de una familia de clase alta como enuncian sus criaturas -algo muy común en la escena local- y todo parece estar representado en una clase media más bien baja, con actitudes y formas poco protocolares.

El texto crece en la segunda parte, donde comienzan a vislumbrarse los intereses individuales y donde la contradicción peronismo-antiperonismo se hace evidente en una acción que Adellach carga de picardía y que Vicente caza al vuelo.

La gran ventaja del director es haber convocado un elenco suntuoso, con De Nito y Piaggio capaces de remontar dos personajes con mucho de tortuosos e incluso a cargo de escenas poco suaves, como cuando él escupe trozos de pochoclo que luego comen los demás.

Piaggio otorga a su personaje una sexualidad oscura, quizá temible, en oposición a la de su tía, desatada y a todas luces cotidiana, obviamente desentendida de su vieja relación marital con el orador frustrado.

La pareja mayor goza del probado oficio de Carnaghi para cabalgar la comedia y una Stefani que disfruta un personaje que la excede en edad, para el que utiliza tonos y movimientos que recuerdan a la China Zorrilla de hace tres o cuatro décadas.

Es un goce también el trabajo de Julián Vilar como el empleado de pompas fúnebres, atildado e inoportuno al mismo tiempo, que de algún modo redondea la anomalía familiar, allí donde lo político salta cuando menos se lo espera.

"Chau papá" se ofrece en la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815, de jueves a sábados a las 21.30 y domingos a las 21.