22/09/2013 otra faceta del autor

Variaciones sobre otro Cortzar

Si el lugar común quiere ver a este hombre dividido entre cuentista y novelista, ingenioso nigromante o escritor comprometido, en Diálogo para una poética de Julio Cortázar, el escritor e investigador universitario Carlos Aletto se las arregla perfectamente para sumar otra faceta al autor de Rayuela: la de teórico espontáneo de la imagen-palabra.

Por Pablo E. Chacn

El libro, publicado por las ediciones Cuerva Blanca, es un recorrido exhaustivo sobre los usos y procedimientos de las tipografías y otros elementos extratextuales que han acompañado a la literatura desde sus orígenes y que bajo soportes electrónicos alcanza en la actualidad su cenit, curiosamente sin que la palabra escrita haya demandado jamás el concurso de la imagen.
 
Aletto es oriundo de Mar del Plata donde escribe y trabaja. Es un hombre curioso, interesado en la práctica política, en el deporte y en sus amigos. Es un hombre generoso y discreto. Pareciera que guardara siempre algún secreto: el tesoro de los inocentes.
 
En Diálogo para una poética… pone en marcha una máquina de producción conceptual que nada le debe a la hermenéutica (que algunos piensan, podría haber arruinado algunos textos de Cortázar). Advertido, el autor de este libro se concentra, por fuera del binarismo, en el continuo que como una banda de Moebius convierte a esa poética en un modo singular de alcanzar su centro, dar en el blanco, acertar sin proponerse más que como movimiento.
 
Julio Silva y Julio Cortázar
Julio Silva y Julio Cortzar

Es cierto: Lawrence Sterne experimentó con la tipografía, como lo hicieron Hans Arp, Vicente Huidobro, Guillaume Apollinaire, Tristan Tzara, e. e. cummings, pero ninguno era tan ingenuo como para creer que esos desarreglos sensoriales podían provocar, antes que una visión de las cosas absuelta de mediaciones, un estado catártico. Cortázar tampoco.
 

"En el poder de la representación icónica aliada al texto se cifraría una convergencia nada azarosa, sino complementaria."

Aletto marca un corte: La vuelta al día en ochenta mundos y Último round (más algunos textos posteriores), simultáneos, si se quiere, de la movida que la vanguardia operó (en el campo político y el artístico) durante los sesenta, refuerzan su histórico interés por la ilustración y las artes plásticas. En el poder de la representación icónica aliada al texto se cifraría una convergencia nada azarosa, sino complementaria.
 
Estas preocupaciones cierto que venían de antes. Si Rayuela puede ser entendido como un puzzle, sus saltos y metamorfosis, un análisis semiológico de la novela sería como el pretexto para un sueño de Oscar Steimberg. Se escribe para soñar, no para interpretar. Cortázar no se cuida: patina por un solo carril en 62 Modelo para armar.
 
Diálogo para una poética… revisa puntualmente las tradiciones a las que el escritor acude cuando arma sus dos libros fundados en la promiscuidad entre texto e imagen, y no olvida que sus cuentos, sus primeros cuentos, están redactados siempre fuera de foco, con una pieza faltante. Eso los vuelve tan extraños como el registro que persigue el protagonista de Las babas del diablo.
 
Carlos Aletto
Carlos Aletto
Digo no olvida porque si hay algo que Cortázar a veces parece olvidar es que la imagen puesta en foco también puede apagarse y desaparecer. Y que ese recurso, cinematográfico, es imposible de replicar en la literatura. La imagen-movimiento de Gilles Deleuze opera en el universo de la inmanencia, se agota en sí misma.
 
Es un plano que no constituye sino que instituye, y por eso se ausenta. ¿Cuál es ese plano en la literatura?: el del lenguaje o mejor, la escritura, donde el diferencial de intensidades es intransitivo, jamás podría ilustrarse sin correr el riesgo de componer una trascendencia exterior al mismo texto. Se estaría en un mundo de anécdotas.
 
El esfuerzo de Aletto es la pasión de Aletto por Cortázar, su desparpajo, espíritu lúdico, alegría, la misma de Alfred Jarry, los patafísicos, Raymond Roussel, Georges Perec; la literatura como una experiencia que involucra todas las dimensiones: estética, política, amorosa, existencial; una jugada de alto riesgo que estudia (y transmite) con el mismo gozo que se disfruta este libro inédito, por insólito. 

Carlos Aletto sobre Julio Cortzar en Otra Trama