10/09/2013 libro

La inquietante Nina Jackle por primera vez traducida al espaol

Atrapante e inclasificable, Zielinski, la última novela de la escritora alemana Nina Jackle, que por primera vez ha sido traducida al español, lleva al lector en una espiral asfixiante a experimentar la soledad extrema y sus consecuencias a través de un personaje cuya razón de ser se extravía para siempre.

Por Mora Cordeu

"Uno se acostumbra a todo con sólo dejarlo persistir el tiempo suficiente", dice Schoch, el protagonista, ante la presencia abrupta de Zielinski, instalado en su casa sin aviso tras tomar la  más grande de las habitaciones y vivir allí en una inmensa caja de madera forrada con terciopelo azul.
 
La novela, publicada por la Editorial Serapis, en una impecable traducción de Carolina Previderé, está llevada de tal manera que el lector se adentra sin proponérselo en el cerebro de Schoch en sus vericuetos sin salida, en un camino que lo lleva a perder su trabajo y todo contacto exterior, a una completa deshumanización.
 
Nina Jackle nació en 1966 en Schwenningen, creció en Stuttgart, asistió a escuelas de idiomas en la Suiza francesa y en París, quería ser traductora pero con 25 años se resolvió a escribir ella misma, primero radioteatros, luego relatos y posteriormente novelas.
 
Es autora de las novelas Sevilla y Nai(2010), Gleich nebenan (2006), Noll (2004) y del libro de relatos Es gibt solche (2002).
 
En una entrevista por correo electrónico que mantuvo con Télam, dijo lo siguiente:
 
¿Cómo irrumpieron Schoch y Zielinski en la trama del libro? ¿Se propuso la descripción literal de la decadencia psíquica de una persona?
Yo estaba escribiendo sobre Schoch, un hombre que ya no entiende a las personas, inmerso en una evidente turbación. Y entonces, un día de esos, Zielinski se metió en el texto sin preguntarme si yo estaba de acuerdo. Se fue construyendo su caja línea por línea y, sencillamente, estaba allí donde también estaba Schoch.
 
Me fui familiarizando y comprendí que estaba escribiendo sobre cómo los sistemas capturan, sobre cómo es posible que algo se imponga en vos, aún cuando no sea algo bueno, sólo porque lo dejás estar, porque lo tolerás.
 
En frases de la protagonista como, "Zielinski está aquí para advertirme de que todos nosotros no somos otra cosa que pequeños engendros de la estupidez residiendo en nuestras cajas", ¿puede haber una advertencia acerca de la creciente pérdida de contacto real con los otros?
Claro, la novela tiene como tema el aislamiento del hombre. Pero más que nada el aislamiento como algo escogido por propia voluntad. La caja que uno soporta internamente en lo más íntimo es un símbolo apto para ello, puede ser interpretada de muchas formas.
 
¿Qué pasa con la pérdida de los puntos de referencia en un mundo donde los cambios son cada vez más veloces, más difíciles de procesar?
No lo sé. Pero puedo decir de Schoch que se siente a resguardo en esa casa que es su mundo, que él concilia de modo muy pacífico con el intruso Zielinski, sobre un modo de vida que no parece significar ningún peligro, en tanto se los deje tranquilos a ambos.
 
Sé no obstante que Schoch forzosamente entra en contacto una y otra vez con ese mundo exterior avasallante para él, mundo que no le permite ser quien es, alguien con su propio Zielinski. Schoch sucumbe a sí mismo y allí lo está esperando Zielinski. Pierde los puntos de referencia, pero lo tiene a el. Es entonces Zielinski quien hace de Schoch lo que Schoch es: alguien que ha enmudecido, que desaparece en su propio mundo convertido en una caja.
¿Qué pasa con una persona cuando se ve obligada a desapropiarse de lo que conforma su identidad: lengua, tierra, amigos, cultura?
El individuo en solitario no tiene chance en un mundo de lobbismo como el nuestro.
Y por otro lado, ¿hay una necesidad -frente a tantos estímulos- de recuperar una cierta extrañeza para despegarse de un entorno que intenta fagocitarnos, subsumirnos en una identidad falsa?
Creo que, en el fondo, para ninguno de nosotros es posible una falsa identidad, no podemos evitar ser nosotros mismos, cada uno está atrapado en la caja que expresamente se erige para sí mismo. Creo que no tenemos más opción que ser extraños entre extraños al reflexionar sobre nosotros mismos o sobre los otros. Tal vez sea realmente así: todos nosotros no somos otra cosa que pequeños engendros de la estupidez residiendo en nuestras cajas solitarias.
¿Qué le pasa al individuo que decide funcionar "en otro sistema de coordenadas", cuando pasa a ser un outsider? ¿Hay en el libro una crítica a un modo de vida despersonalizado, sujeto a mandatos externos, a sistemas de creencias cerrados?
Mientras escribía notaba que pensaba mucho en cómo los sistemas atrapan. Religiosos, políticos, sociales. El texto muestra de modo muy consecuente, radicalmente consecuente, lo que ocurre cuando a algo se lo deja perdurar, cuando algo se tolera hasta que se convierte en normalidad, hasta que se vuelve algo común y corriente contra lo cual, en vos, nada se subleva. Eso es peligroso.
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