07/09/2013 Cine

Sebastián Schindel filmo “El patrón”, sobre el crimen y la esclavitud

El cineasta debuta en la ficción con “El patrón”, filme protagonizado por Joaquín Furriel y basado en la historia real de un carnicero que asesinó a su patrón cansado de las terribles humillaciones a las que lo sometía, en una suerte de esclavitud psicológica de la cual no tenía escape.



En la película, Furriel interpreta a Hermógenes, un hombre llegado a Buenos Aires desde Santiago del Estero, para el cual -según Schindel- “realizó un excelente trabajo de construcción y caracterización. Está completamente transformado físicamente, trabajó su forma de hablar y entrenó con carniceros el oficio y el manejo de los cuchillos”.

Con un elenco que integran Mónica Lairana, Luis Ziembrowski y Guillermo Pfening, la primera ficción de Schindel (director de “Mundo Alas”, “Rerum Novarum” y “El Rascacielos Latino”, entre otros documentales) está basada en el libro “El patrón: radiografía de un crimen”, en el que Elías Neuman describe el caso de un trabajador explotado y esclavizado por un siniestro empresario de la carne.

Se trata de una historia real que ocurrió en el corazón de la Buenos Aires del siglo XXI, donde un peón de campo, que llega a la ciudad con el deseo de progresar, buscando un patrón que no sólo le de trabajo sino que también lo acoja y lo proteja, pero se topa con el dueño de una cadena de carnicerías que lo obliga a vender carne podrida y lo sumerge en una verdadera esclavitud.

“Es un hecho sobre el cual investigué muchísimo. Un caso criminal, un asesinato que ocurrió hace 30 años, y el abogado defensor quedó muy impactado por el hecho y escribió una novela de no ficción. Investigué el expediente judicial y busqué al protagonista en su pueblo natal, pero llegué tarde, porque ya había fallecido. Mi intención era reconstruir todos los huecos que faltaban”, recordó Schindel.

En una entrevista con Télam momentos después de terminar el rodaje, el cineasta señaló que “también hubo un trabajo de investigación muy profundo en el mundo de las carnicerías y en las prácticas más oscuras que se realizan con la carne que consumimos. Todo ese submundo está plasmado en la película”.

“La novela de Neuman es fascinante, no podés parar de leerla, es muy fuerte todo lo que cuenta, porque narra un caso de esclavitud moderna como la trata de personas o los talleres clandestinos. Es un caso muy vigente, un caso de esclavitud individual, un hombre muy sumiso que quiere progresar pero va cayendo en una esclavitud psicológica a través de trampas y engaños”, explicó el cineasta.

En ese sentido, Schindel señaló que la del protagonista de su película “es una esclavitud sin candados, pero por la necesidad y la falta de oportunidades y conocimiento, él no se va. una película muy violenta, cruda y cruel, que mantiene una violencia contenida, caracterizada por el maltrato psicológico”, añadió.

El director, que venía trabajando en el proyecto de este largometraje desde hace muchísimos años, en los que también hubo muchísimas reescrituras del guión, sostuvo que “esta es una historia terrible en la que también describo el mundo oscuro de las carnicerías, la cocina de todo eso que comemos y no sabemos de dónde viene”.

“Existe todo un costado oculto del mundo de las carnicerías donde se lava la carne en descomposición. Dependiendo para qué, se la lava con vinagre o lavandina, se le hace distintos procesos para sacarle el mal olor o el mal gusto, y también para recuperar su color. Y toda la carne podrida que no se vende termina en embutidos o hamburguesas, por ejemplo”, advirtió Schindel.

El cineasta aprovechó su extensa experiencia en el cine documental para meterse “en la cocina de esa carnicería. Casi todas las escenas están contadas en un único plano, como una cámara testigo, lo cual -advirtió- genera un sentido muy fuerte de realidad y de incomodidad. Al no haber cortes,  en ciertas discusiones o maltratos no te queda otra que ser testigo, sin poder escapar de esas situaciones”.

Schindel destacó que, además de ese submundo de las carnicerías, “se ven las bambalinas del funcionamiento de la justicia argentina, es una trama secundaria, un juicio oral, que muestra cómo funciona”.

“Al protagonista real de esta historia le tocó un defensor de turno que ni siquiera se preocupó de ir a visitarlo y verlo. Porque un empleado del juzgado tuvo simpatía con él, un abogado se preocupó de defenderlo, si no, hubiera sido condenado a cadena perpetua”, aseguró.

Y agregó: “En una justicia atestada de trabajo estos casos se resuelven rápidamente, pero nadie se preocupa por ver qué hay detrás. La justicia no funciona igual para todos, una persona sin recursos terminará probablemente en la cárcel, mientras que uno con recursos y dinero nunca lo hará”.
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