31/07/2013 teatro

Crepuscular testimonio de Tato Pavlovsky en "Asuntos pendientes"

La obra "Asuntos pendientes", escrita y protagonizada por Eduardo "Tato" Pavlovsky y dirigida por Elvira Onetto, dura y polémica, ofrece rasgos de conducta no habituales y se ve en el Centro Cultural de la Cooperación.

Por Hctor Puyo


Alejado de sus textos explícitamente políticos -entre otros "El señor Galíndez", "Variaciones Meyerhold", "Potestad"- el autor parece retomar los resortes de su temprana "La espera trágica", que abrevaba en el absurdo de los autores franceses de los 60.

Allí aparece la acción dislocada, los personajes con distintas facetas, el discurso violento, la búsqueda de lo oscuro, elementos que por la actividad psicomédica de Pavlovsky pueden salir a luz con evidente veracidad.

Hay un octogenario (Pavlovsky) en áspero diálogo con su mujer (Susy Evans), en el que el hombre relata desagradables experiencias que suenan oníricas pero no lo son, mientras un hijo adoptivo ya crecido (Eduardo Mirch) entra y sale para aportar datos de su vida -anterior y presente- fuera del hogar.

Esos asuntos pendientes que figuran en el título podrían ser aquellos de los que el autor aún no se expidió en obras anteriores y que forman un discurso fragmentado, racista, fascista, de esos que se suele escuchar en lugares públicos en estos días y que no parecerían pertenecer a una mente como la suya.

Es que todo lo oscuro -deja entrever- convive con la razón, con el miedo a la muerte y la recurrencia a un sexo senil difícil de concretar, más representación que acto, y explota en un nihilismo que supera el de otras piezas de Pavlovsky, antes tan anarco.

Llama la atención ese segundo plano que ocupa la esposa, apenas testigo cotidiano, acaso cómplice, de las diatribas masculinas, sólo activa en uno de los pasajes más chocantes -sólo verbal y en boca de otra actriz, en off- en el que inicia sexualmente a su propio hijo sin omitir detalle.

Como el Edward Albee de "La cabra", obra de su ocaso, Pavlovsky da la sensación de redoblar la apuesta de transgresión que son sus textos en varios sentidos y querer ir más allá, sacudir al público que lo sigue con una desnudez desafiante.

La directora Onetto ya tuvo materiales de Pavlovsky en sus manos -"Cámara lenta", "Pequeño detalle", "Rojos globos rojos"- y aquí se nutre de un amplio espacio vacío, con cámara negra y dos filas de sillones enfrentados para desarrollar la historia, cuyo autor no debe ser fácil de dirigir.

Onetto sale airosa de su juego, sobre todo auxiliada por la iluminación del mismo Misch, y porque tiene en Misch -completó el cuarteto de "Sólo brumas" (2008) con Pavlosky, Evans y Mirta Bogdasarian- un intérprete flexible y seductor.

Justamente, "Asuntos pendientes" se vincula con "Sólo brumas", por el lado del abandono y la muerte infantil, de la niñez pobre y fea, en una sociedad que fabrica seres como el que personifica, marcados por el resentimiento del que se siente superior pero sabe que igualmente va a morir.  

Tiene, como siempre, una presencia magnética en ese animal de teatro que es Pavlovsky, ése que entra y sale de escena sin ocultar sus años, que son los del personaje, capaz de personificar a ese ser profundamente humano aunque por momentos repulsivo.

"Asuntos pendientes" se ofrece en la sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Corrientes 1943) los viernes a las 22.
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