24/07/2013 Nuestro paisanos los indios

Reeditan el libro que recupera la identidad indígena en Argentina

Asentados en ciudades, reconfigurando cosmovisiones y recuperando identidades silenciadas, un millón de indígenas argentinos comparten un proceso de autoafirmación, como dice Carlos Martínez Sarasola, autor del libro Nuestro paisanos los indios, que a 20 años de ver la luz sigue vigente con el relato de cómo las comunidades imbrican su historia en la historia de todos.

Por Milena Heinrich

"El mundo indígena se está reconfigurando pero no con los patrones que estamos acostumbrados (la choza, la selva, el andar desnudo o pintado); la mitad de la población del continente vive en centros urbanos y en gran medida ellos se reconocen como indígenas", adelanta en diálogo con Télam Sarasola, antropólogo especialista en la temática indigenista, investigador y profesor universitario.
 
"Hoy ser indígena es un valor en todo el mundo", asegura Sarasola sobre nuevas y dinámicas vías de reetnización que emergen en este proceso de consolidación de identidades: "Hubo un montón de gente que tenía su identidad perdida, oculta, negada, que decía «no soy indígena, soy mestiza», sin embargo hoy reivindican serlo".
 
A 20 años de su primera publicación y con un promedio de una edición cada dos años (todo un éxito para un ensayo antropológico), Nuestros paisanos los indios -en alusión a la frase sanmartiniana "y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa nada"- recorre 12.000 años de historia y ofrece un panorama de las comunidades indígenas en territorio nacional.
 
"Para actualizar este libro tendría que reescribirlo", advierte Sarasola sobre la investigación etnohistórica (Del Nuevo Extremo) devenida en un clásico de consulta sobre las raíces de nuestro país y el mosaico de identidades que lo construyen. Pero el paso de los años no apagó "un argumento que sigue vigente: cómo los indígenas imbrican su historia en la historia argentina y viceversa".
 
Nuestro paisanos salió el mismo año que se cumplía el quinto centenario de la Conquista de América (1992)- "momento bisagra en las sociedades latinoamericanas, donde nunca más la historia fue la misma y los pueblos indígenas se pusieron de pie, dice-; hoy dos décadas después ese hito simbólico significó una catarata de estudios sobre su peso en la identidad republicana y una mirada revitalizadora sobre modos de ver y percibir el mundo.
 
Con más de 800 páginas, acompañadas por gráficos, imágenes y en un tono sencillo alejado de rasgos académicos, el libro se mete en la diversidad y en cómo ésta se ancla en una identidad nucleadora, la argentina, algo que en los últimos años -por la ebullición de conciencia latinoamericana, estudios revisionistas, etcétera- forma parte del imaginario de la mayoría de los argentinos.
 
En los últimos veinte años cambiaron muchas cosas dice Sarasola: "ahora hay una toma de conciencia de la sociedad, aunque falta un montón porque todavía hay discriminación, se utilizan muletillas en los medios de comunicación, cosas que se escapan".
 
"En el ámbito estatal,-continúa- hay nuevas legislaciones que acompañan las legislaciones internacionales y también hay una conciencia por parte del Estado pero todavía falta una política sólida que éste hecha por el Estado y por los pueblos indígenas.
 
En un mundo donde la estructura planetaria "tiene un grado de irreversibilidad", las voces indígenas llevan la batuta de esta lucha ecológica, que perjudica al mundo en su conjunto (en Argentina, recuerda Sarasola, a Córdoba le queda el 5 por ciento del bosque nativo), de ahí su mayor visibilización por parte de todos los sectores de la población.
 
A Sarasola le da igual hablar de aborígenes, indígenas o indios: "Hay una tendencia a no utilizar términos como indio. No hay que pensarlo en el sentido peyorativo sino en el de recuperación histórica", dice a la vez que reflexiona que todavía falta mucho para dejar de hablar de "ellos y nosotros", aunque algún día, imagina, ellos no serán un genérico, sino los tupí-guaraníes, mapuches".
 
Más de 30 comunidades conviven en nuestro territorio y aunque el último censo cuantificó un millón de indígenas, los especialistas calculan un tanto más. Ya hace unos años un estudio encabezado por Daniel Corach de la Universidad de Buenos Aires reflejó que más de la mitad de la población argentina tiene antepasados indígenas pero no sólo la genética es testigo de los procesos de mestizaje, adelanta el antropólogo.
 
"Lo importante es la presencia del elemento indígena que se expresa en cuestiones culturales, en la vestimenta, en tradiciones. Muchas prácticas que tenemos y no sabemos pero que provienen del mundo indígena", dice el autor, quien en paralelo lanzó "La Argentina de los caciques o el país que no fue", una investigación que propone una hipótesis: los grandes caciques, aun los más hostigadores, querían construir un país con los blancos.
 
"Ellos son los artífices de vivir entre distintos mundos", grafica Sarasola sobre varones y mujeres que integran las comunidades indígenas de nuestro país y lo hacen de diferentes formas. Por el contrario, considera el autor, "a nosotros, los occidentales, nos cuesta muchísimo" y agrega: "Su objetivo es crear un mundo donde quepan muchos mundos".
 
Para quebrar esa línea divisoria entre ellos y nosotros, este libro también se presenta como una invitación para acercarse a las comunidades indígenas a través de un recorrido por 12 mil años de historia, de quienes inicialmente poblaron, defendieron y construyeron "como hermanos", como alguna vez identificó San Martín, la República Argentina.