28/06/2013 novela

La novela brilla en "Mi ngel tiene alas negras"

Dura, directa como la propia vida del autor, la novela Mi angel tiene alas negras, de Elliott Chaze, introduce al lector en una trama trepidante, donde los hechos se suceden sin pausa, dando encarnadura a una historia de amor, en el marco de un robo a un camión de caudales y un crimen que marca el inexorable destino de una pareja.

Por Mora Cordeu

El vertiginoso itinerario emprendido por un ex convicto con una prostituta por el contrastante paisaje norteamericano (Colorado, Denver, Nueva Orleans) incluye desde el vamos una escalada de hechos rumbo a un final intuido de antemano, aunque en el medio el cálculo previo va dejando aflorar la complejidad de sentimientos que presupone ese vivir al límite de los protagonistas.
 
La novela publicada por La Bestia Equilátera fue premiada con la medalla de Oro "Premio Paperback Fawcett", el primer galardón que obtuvo el autor por su obra de ficción.
 
Lewis Elliott Chaze (1915-1990) nació en Mamou, Louisiana (Estados Unidos), por lo que nueve de sus novelas están ambientadas en la vida rural, pero también en sus ficciones refleja -como en El acero inoxidable Kimono- parte de sus experiencias en la guerra, ya que fue paracaidista y sargento durante la Segunda Guerra Mundial y en la ocupación de Japón.
 
"Le conté que había pasado treinta y cuatro meses en el campo de prisioneros japonés de la isla de Luzón, encerrado en el calor y la mugre con diez mil más y que enterraban vivos a los débiles, los que estaban tan débiles que no podían trabajar, ni siquiera apartar la tierra para sentarse en sus tumbas", apunta el autor en "Mi ángel tiene alas negras", dejando asomar la memoria y no la imaginación.
 
Chaze, además, posee una extensa trayectoria como periodista y editor, que incluye columnas y artículos publicados en The New Yorker y Cosmopolitan, entre otros medios.
 
Otros textos traducidos al castellano son: Dos techos y una serpiente en la puerta (1963), Tigre en el Honeysuckle (1965), Wettermark (1969), Adiós Goliath (1983), Sr. Ayer (1984), El pequeño David (1985) y Los crímenes de Catalina (1986).
 
Como una permanente puesta en escena, el libro se divide en seis partes que dan cuenta de esa carrera contra el tiempo de los dos personajes marginales, de ese huir hacia adelante con los deseos intactos y siempre al filo de la muerte.
 
"Cuando cruzamos el puente del río Rojo, arrojé las patentes de Mississippi por encima de la baranda de hierro y quince metros más abajo chocaron contra el agua con un chapoteo. Ella me miraba, apoyada en el respaldo de cuero, fumando en silencio. Nada parecía sorprenderle: el coche, las patentes, la idea de emprender un viaje a cualquier parte con un desconocido", escribe Chaze.
 
"Me gusta recordar esa noche, sobre todo ahora que tengo los días contados y a veces pienso que no he vivido demasiado, apenas veintisiete años. (...) El recuerdo de esa noche en Pueblo es inexplicablemente tonificante. Por mucho que vivas, no hay muchos momentos realmente deliciosos en el camino, ya que pasamos la mayor parte de la vida comiendo, durmiendo y esperando que ocurra algo que nunca ocurre", dice Tim Sunblade, el protagonista.
 
Y agrega este típico personaje del antihéroe: "La mayor parte de la vida consiste en esperar a vivir. Y pasas mucho tiempo preocupándote por cosas sin importancia y gente sin importancia y todo esto te queda muy claro cuando sabes con precisión el día en que morirás".
 
Y esa sensación de agostar la vida, comprimiendo su sentido al máximo, desde las acciones concretas que realizan los personajes, impregna todo el libro, convertido en una ficción de culto, en una joya del género, conocida ahora en la Argentina por esta impecable traducción de Carlos Gardini.