27/06/2013 Música

“No encasillarse en un estilo musical es otro triunfo de la democracia”

Fer Gril lleva 20 años de carrera en la música local. Compartió escenario con bandas emblemáticas del under como Los Brujos y Masacre, pero hoy, pese a su pasado de rock, presenta un disco que mezcla ese estilo musical con ritmos locales y latinoamericanos. “Hay que perderle el prejuicio a la música en español”, sostiene en un reportaje con Télam.

Por Agustín Argento


Usted arrancó de muy joven, a los 17 años, junto a bandas emblemáticas del under porteño como Los Brujos
Era la movida del “nuevo rock argentino”. Tenía una banda que se llamaba Litio y tuvimos la suerte de tocar en muchos lugares como Cemento, El Viejo Correo o en El Borde de Temperley invitados por los Brujos. También tocamos con Halógena y Masacre y en la Feria 30 Años de Rock.

Pero luego se abrió un poco de lo estrictamente llamado rock, por lo que se puede escuchar en sus trabajos
Sí, preferí abrirme para encarar nuevas búsquedas. Me incliné más a la música folklórica latinoamericana, lo cual para mí era una deuda pendiente. Descubrí un universo musical que existía, pero que no lo aceptaba todavía como algo relevante. Y hoy veo que pasa eso. Toda época tiene un leguaje cultural, que conforma una rítmica, por ejemplo. Se ve muy claramente en las traducciones y eso conforma una estética. Hoy estamos acostumbrados a escuchar música en inglés y si ese paradigma cambiara, el idioma del consumo también podría cambiar. Tenemos como un prejuicio frente al consumo de música en español, donde Atahualpa Yupanqui es un personaje menor y Dylan es un genio. A mí Dylan me encanta, pero creo que Atahualpa está en un mismo nivel.

”Empecé a desconfiar del rock. Me parecía que era más una estética que una moral”


Usted, por lo que cuenta, también tenía esos prejuicios
Sí, y muchos. Eso me voló la cabeza, porque descubrí que dentro de la música en español, y encima por fuera del rock, hay artistas muy power. Rubén Blades, por ejemplo, es un groso. Ahí empecé a desconfiar del rock. Me parecía que era más una estética que una moral. El rock, en los `80, era algo revolucionario, y hoy parece una parodia de sí mismo. Se cree que el rock es una guitarra distorsionada, y eso era antes, cuando era realmente revolucionario. A mí me genera más entusiasmo alguien que tiene algo para decir y no una postura rockera que habla del “faso”, “la birra” y termina en una temática vacía de contenido. En una postura.

¿Nota que hay mucho de eso en el rock actual?
La tragedia de Cromañón fue un poco de eso. El ritual de las banderas, las bengalas, la fiesta. Una actitud que llevó a hacer parecer como más importante lo que pasaba abajo del escenario que lo que pasaba arriba. Y eso creo que pasó porque arriba no había nada groso, nada bueno. Entonces, el power pasó a estar abajo del escenario. A mí me gusta la estética y la moral rocker, pero lo que hoy hay como rock, en cuanto a la movida, no me representa. Es mucho más rockero Atahualpa que varias de las bandas con guitarra distorsionada que dan vuelta hoy.

De esos prejuicios para con la música en español, ¿piensa que puede partir la falta de creatividad a la que hace referencia?
Sí, absolutamente. Porque muchos intentan hacer canciones en inglés, pero en español. De esas, hay un montón.

“Es mucho más rockero Atahualpa que varias de las bandas con guitarra distorsionada”


El rock, entonces, ¿tiene que ver con ser auténtico?
Tampoco tiene que ver con ser auténtico. El rock es como un tábano en la conciencia de la gente, que tiene que marcarte cosas que te vuelen un poco la cabeza. Cuando se convierte en una comodidad, deja de ser rock. Para mí, lo más punk que hubo en la música argentina fue Pablo Lescano con Damas Gratis. Era como los Sex Pistols, que caminaban los barrios obreros y reclamaban por el desempleo en la Inglaterra de Margaret Tatcher. Eso es punk. Es hablar de un tipo que canta lo que vive, haciendo reclamos.

Se desprende que sus influencias van desde Dylan hasta la cumbia
Sí, obviamente. Me encantan los Ramones, Morrissey, Atahualpa. Escucho música muy diferente.

Con respecto al disco que está presentando. Usted es guitarrista y cantante, pero tiene muchas percusiones. ¿Quién se encarga de esas composiciones?
El baterista es Emilio Paravisi e hizo las percusiones. Hay temas que tienen aires muy latinos. La idea fue plasmar eso con un aire de rock. Los productores fueron Julio Crivelli y Nacho Valdés de Bicicletas. Busque eso, que los productores vengan del rock para tamizar lo latino. Ahora, para el nuevo disco, estoy trabajando canciones más rockeras, pero sin dejar lo otro, lo latinoamericana. En el último disco hay una zamba muy blusera; los mezclo porque son dos estilos muy introspectivos.

¿Y el tango, qué lugar ocupa en su biografía?
Me encanta. De hecho, tengo un tango compuesto para el próximo disco y estamos viendo si lo incluimos.


El arte del disco es particular y jugado. Tiene como unas cartas que se pueden intercambiar en el fondo. Como una forma para que cada uno que lo tenga pueda crear la tapa que quiera.  Jaime Sin Tierra también había hecho algo parecido
La idea de las postales intercambiables era la de explicar, por medio de los dibujos y las fotografías, las distintas texturas y climas que tiene el disco. Es para que cada uno pueda conformar su propio disco. Yo creo que el disco murió, pero me gusta el objeto que cumple una función lúdica.

Más allá de la composición que va del rock a los ritmos latinoamericanos, el disco tiene un sonido muy oscuro, con reminiscencias a producciones de grupos como Depeche Mode, New Order o los principios de Soda Stereo.
Es muy bueno lo que decís y tenés razón. Algunos no se dan cuenta, pero el objetivo del sonido final era ese. La idea era bajarle un poco el pop a lo latino para no quedar como un Cristian Castro o un Juanes. Me quería cuidar para no parecer una estrella pop latina. Me animé a jugar al límite. “No te va a gustar”, por ejemplo, me parece que va por este lado también. Es una forma también de revalidar el formato canción, más allá de la música.

A qué se refiere con “revalidar el formato canción, más allá de la música”
El género musical, históricamente, fue muy importante en términos de identidad. Si vos eras punk escuchabas determinadas bandas, te vestías de determinada forma y hablabas de determinada forma. Había como una moral.

Pero intenta no quedar pegado a ninguna “moral”, como usted dice
Antes te comprabas un álbum y lo escuchabas de punta a punta. Hoy, es muy difícil que un pibe tenga todos los temas de una banda. Lo más probable, es que en su reproductor mp3 tenga algunos temas sueltos, que los escuchan mezclados con los de otros grupos y los de otros géneros. Es cómo caótico, pero también está buenísimo porque es desprejuiciada. Habla de una sociedad más abierta. Es otro triunfo de la democracia.

¿Cómo hizo para armar un disco sabiendo que terminaría en una mezcla con otras bandas? Por lo general, cuando un músico graba un disco lo piensa en su conjunto y hasta puede volverse obsesivo con el orden de los temas
Está armado con una suerte de climax pero con la certeza de que muy poca gente lo escucharía entero. Y la idea de la tapa es eso. Vos haces el disco que querés. Lo escuchas, lo mezclas como querés. Igual que podés hacer con la tapa. El título del disco “Se me ha perdido una canción” es un guiño a todo eso.

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