18/06/2013 Teatro y poltica

Marcos Perearnau: la representacin de la poltica en el teatro

El director teatral acaba de estrenar la segunda temporada de “Ménem Actor”, una sátira que refleja el espíritu del poder y de la sociedad durante los ´90. En un reportaje con Télam, explicó por qué le interesa llevar situaciones políticas, como el caso de Julio López o la crisis de 2001, a las tablas.

Por Agustn Argento

¿Por qué el slogan es "Una obra que hubiésemos deseado ver"?
Hoy el menemismo es parecido a la pregunta que nos asalta cuando nos despertamos de una pesadilla ¿no? Eso que soñé, ¿pasó? ¿Por qué soñé eso, deseaba verlo? Ante esa virtualidad que abre el modo subjuntivo, tenemos dos caminos. Olvidarnos de lo que soñamos o tratar de pensar qué es eso que vimos. Si intentamos evitarlo con el olvido, y nos decimos no pasó nada, es probable que nos encontremos con esa pesadilla de nuevo, pero esta vez con los ojos abiertos. Como sucede en los sueños, tampoco es posible evitar la historia. Esa historia, que como decía Marx, se da primero como tragedia y después como comedia.


¿Lo suyo punta a la tragedia o a la comedia?
Es las dos a la vez, el horror-reír de Leónidas Lamborghini. Recuerdo la moral de bufón. Dice algo así como el torniquete de la historia, sentir nos hace su chiste a carcajadas, que devolvemos con más locura y crimen.

“Esta obra, como todas las que hago, tienen la risa de fondo”


¿Con qué se va a encontrar el público?
El público se va a encontrar con algo que no voy a decirles qué es. Y es justo, porque aceptó el juego de una obra que junta a Menem y el teatro, o sea, tienen gracia. Festeja esa relación. Así que si les adelantara algo, los ofendería. Y es lo que menos quiero. Puedo decir que se va a encontrar con una obra que  va a permitirle ver los noventa y a Menem con una distancia que construyó la obra. La obra quizás no sea otra cosa que esa distancia. Lógicamente para que puedan reírse y pensar. Reirse  y pensar, yo podría quedarme a vivir ahí. El pensamiento es una carcajada. Y ésta obra, como todas las que hago, tienen la risa de fondo.


"Esta obra, como todas las que hago, tienen la risa de fondo". ¿Por qué apela a la risa para la representación?
Para descontracturarle la cara a la máscara. Si no se puede reír, es careta.


¿Por qué le interesan a usted las obras que reflejan la política?
A mí lo que me interesa es arrancar un nombre por todos conocido y lleno de significaciones, como puede ser Menem, y llevarlo al juego teatral. En ese código, que es el teatro, puedo interrumpirle sus espejismos y, entonces sí, desarmarlo, desvariarlo, buscarle nuevas conexiones. Introducirle nuevas perspectivas y distancias. Para, finalmente, a través de esas operaciones, tener ante los ojos la presencia de un objeto trasformado, que me transformó. Entonces creo que hay verdad ahí, y lo comparto con el público.


Se desprende de lo que dice que usted utiliza un detonante para, de allí, crear su propia versión de una obra. Es decir que crea sobre la realidad, pero modíficándola con la ficción.
Es verdad lo de los detonantes. Trato de buscar materiales que tengan explosivo, que sean difíciles de manipular y me pongan en riesgo. El nombre Menem, por ejemplo, tiene vida propia y está animado por una maldición. Si el personaje de la obra fuera Juan Tilde, que nadie lo conoce, podría inventar cualquier cosa. Pero el nombre Menem, te pone una cantidad de limitaciones y complicaciones reales que a mí me parecieron muy atractivas. Porque no se puede controlar todo lo que puede significar y que, por otra parte, no para de significar, ¿no vieron que ahora lo condenaron?

“Busco que puedas llegar a una reflexión. Ese es el juego, en chiste y en serio a la vez”


¿La obra también refleja a la sociedad? ¿De qué manera?
Lo que busco es volver el reflejo una reflexión. No construyo un espejo para que te confirmes y aplaudas tu coincidencia. Trabajo para despejar los espejismos del reflejo y que no te rebote luz, sino que te ilumine. Parece medio zen lo que digo, pero busco que puedas llegar a una reflexión. Ese es el juego, en chiste y en serio a la vez. Los que vengan, lo van a ver.


¿Quiere decir que el arte parte desde una reflexión para provocar otra reflexión?
El arte compone una reflexión para torcerte la percepción, como el rayo de luz en el agua, y partir tu reflejo. Si lo perdés, vas a tener que hacer lo mismo que hizo la obra, componer tus pedazos.


¿Usted toma al teatro como una representación de lo social? ¿Como lo puedo haber hecho Moliere, que representaba cuestiones de época?
El teatro es social por naturaleza, para decirlo en forma de chiste. O lo digo en serio, el teatro sólo es posible en la forma de la sociedad. Aunque sea tan mínima como alguien que actúa y otro que lo mira, ese acuerdo implica sociedad. Y las representaciones, cualquiera sea, también lo son. Entonces el chiste mío es este. Matar dos pájaros de un tiro, como estamos implicados por esas representaciones sociales que son Menem, Shocklender, Néstor, que quizás son las representaciones con las que juega nuestro inconsciente nacional, si yo hago una obra con esas representaciones, puedo mostrar una obviedad: el teatro está implicado en el presente que compartimos. Y puede habilitar a otros, ofrecer permisos a través de la propia obra para que los que vengan sientan una libertad aterradora. Y se vayan con empuje para rato. De Moliére qué puedo decir, me sabe hacer sonar la risa. 
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