21/05/2013 festival de cine

El film "Wakolda", de Luca Puenzo, aplaudido de pie en Cannes

Exhibida en la sección oficial Una cierta mirada, de la 66ta edición del Festival de Cannes, el filme “Wakolda” de la cineasta argentina Lucía Puenzo, fue recibido con un cálido y largo aplauso, incluso de pie, en la Sala Debussy dedicada a la sección.

Claudio D. Minghetti

Por Claudio D. Minghetti

Enviado especial

Trailer de "Wakolda".

Antes de iniciarse la proyección, el director artístico del festival, Thierry Fremaux, presentó a la delegación argentina que acompaña el filme, entre ellos su productor Luis Puenzo a quien relacionó con “La historia oficial”, y su mensaje a propósito de la dictadura militar “...en coincidencia con la muerte, la semana pasada, del ex dictador Jorge Rafael Videla”, dijo, noticia que el público que colmaba la sala recibió con un estruendoso aplauso.

Lucía Puenzo agradeció al equipo, a “mi papá Luis Puenzo...” y en castellano “...a mi esposo, Sergio Bizzio, que hizo el esfuerzo de superar cuatro años de fobia a volar para viajar conmigo”. 

La sala llena, incluso veinte minutos antes de que comience la proyección, también recibió a los actores Alex Brendemühl y Ana Pauls, así como a Nicolás Batlle, su productor ejecutivo y Bernardo Zupnik, que distribuirá el filme, cuyo estreno en la Argentina está previsto para el mes de agosto.

Las figuras centrales de la película son, además de la niña debutante Florencia Bado, Brendemühl y Pauls, Natalia Oreiro y Diego Peretti, como Eva y Enzo respectivamente, Elena Roger como Nora Eldoc, Guillermo Pfening y Alan Daicz.

El filme de Puenzo, que abreva en su propia novela publicada en 2011, comienza con la llegada a la zona de Bariloche de un biólogo alemán y su encuentro con una familia, la de Enzo y Eva, ella embarazada, y sus varios hijos, entre ellos Lilith, de doce años, no obstante de talla pequeña para su edad.

El visitante, todavía joven, seductor e intrigante, se relaciona con otros de los muchos alemanes de la zona, como él dedicados a curiosos experimentos, y se convierte en el primer huésped de la hostería que Enzo y Eva heredaron a orillas del lago Nahuel Huapi, al mismo tiempo que se relaciona de una manera algo escondedora con Lilith.

En realidad, ese hombre es Josef Rudolf Mengele, conocido como “el ángel de la muerte”, médico y antropólogo que se inició en la Juventud Hitleriana y terminó integrando las SS, criminal de guerra nazi, prófugo que se escondió en la Argentina, Paraguay y Brasil, donde murió en 1979, a los 67 años.

La historia nos lleva por varios senderos, por un lado el de la familia y en especial el de Eva que está a punto de dar a luz; el de Nora Eldoc, la aparente bibliotecaria que espía los movimientos de los nazis escondidos en la zona; y el de la relación furtiva que se establece entre Lilith y Mengele, uno fascinado por la otra y viceversa, en medio de un entorno germanófilo.

Con la imagen que se repite de un hidroavión saliendo y aterrizando en el Nahuel Huapi, la directora vuelve una y otra vez a la constante de que en ese lugar se escondieron nazis con la complicidad de lugareños (como ocurrió por ejemplo con Erich Priebke), que como se ve en una foto de la infancia de la protagonista hacían convivir banderas argentinas con otras nazis en las escuelas.

El filme de Puenzo es riguroso, sin pretensiones alambicadas, sino con la simple y pura meta de contar una historia a puertas cerradas dentro de otra mucho más grande, que le concierne al mundo, que es la del biólogo en busca de la perfección, aquella pureza aria que enunciaba el Tercer Reich, que va y viene dentro de un mundo lleno de contradicciones, pasiones, verdades y mentiras.

En la sección oficial, hoy también se vio “Detrás del candelabro”, el filme de Steven Soderbergh que recrea los últimos años de vida del pianista Liberace, su universo gay-kitsch lleno de lentejuelas, seda, raso, colores extravagantes y plumas, en particular su relación con su último amante.

El título se refiere al candelabro que Liberace, personaje interpretado en la película por Michael Douglas, ponía sobre su gigantesco piano de cola en muchos de sus shows, llenos de blanco y dorado y de reflexiones para su público, muy disparatadas.

La producción, de HBO, sigue la línea y estilo de otras con ese sello, quizás con la idea de que más allá de la pantalla grande su destino es la pantalla hogareña, no obstante el mismo Soderbergh reconoció que le costó cinco años lograr financiación porque las majors “están solo preocupadas por las películas con grandes presupuestos y no en otras como esta, que incluyen el tema de la homosexualidad en primerísimo plano”.

"Es la séptima vez que trabajo con Steven y esta vez fue más lejos que de costumbre, desde un punto de vista tecnológico: creó un sitio web para que el equipo siguiera la filmación en tiempo real, y por la noche, podía ver el resultado de lo que habíamos grabado ese día", contó uno de los protagonistas, Matt Damon, en la rueda de prensa.

Soderbergh no se anda con medias tintas, y allí los vemos a Douglas y Damon, el primero ya muy ajado, y el segundo algo fuera de peso, revolcándose en camas muy anchas y jacuzzis, uno ofreciendo al otro un mundo dorado a cambio de sexo; el otro finalmente desesperado por no quedarse sin sus anillos, pieles o propiedades.

Por momentos, algunas escenas parecen sacadas del dibujo animado bizarro “Ren & Stimpy”, tan o más graciosas, lo que no se sabe es si Soderbergh y su guionista Richard LaGravenese las quisieron así de desopilantes-trágicas o simplemente le salieron a lo Elton John o Lana Wachowsky.

Lo curioso es que el guión está muy bien trabajado, a pesar de lo increíble que resulta lo que se ve, si bien es sabido que en los Estados Unidos historias así de artificiales son reales, y es posible verlas cotidianamente en Beverly Hills o Las Vegas, entre otros lugares donde suelen confundirse millones de dólares con relaciones delirantes.