12/05/2013 juicio

“Los Iaccarino somos culpables de romper con la intermediación”

Alejandro Iaccarino consideró que él y su hermano Carlos, cuyo caso comenzará a ser juzgado este miércoles en La Plata, son “culpables” de elaborar un plan económico para hacer accesibles “alimentos de calidad a los más humildes” y que “esa fue la razón del desapoderamiento” de sus empresas durante la dictadura.

Por Aldo Marinozzi

Los miembros de la familia Iaccarino pasaron por nueve centros clandestinos de detención entre 1976 y 1978 -entre ellos “El Infierno”, que funcionó en la brigada de investigaciones de Lanús y que es motivo de este juicio que se realizará en el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata- y durante su cautiverio fueron obligados a “transferir” sus bienes en medio de sesiones de tortura e interrogatorios.

“Sin un cabal conocimiento, estábamos afectando a grandes intereses"


Alejandro Iaccarino
“Nuestras empresas estaban trabajando con buena proyección hasta el 24 de marzo de 1976, día en que la dictadura nos intervino el avión que teníamos para unir las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero, donde desarrollábamos nuestra actividad", dijo.

"Entramos en las listas negras, pasaron todos los créditos que teníamos sin vencer a descubierto en cuenta corriente. Tuvimos que malvender propiedades, hasta que el 4 de noviembre del 76 fuimos secuestrados no solamente los tres hermanos sino toda la familia”, recuerda Carlos Iaccarino.

Su hermano Alejandro sostiene que “sin un cabal conocimiento, estábamos afectando a grandes intereses. Nosotros sí somos culpables, ya que el objetivo era romper con la intermediación y llegar de una manera más económica y con alimentos de buena calidad a todos, porque no porque alguien sea más humilde tiene que comer alimentos de segunda”.

Alejandro fue autor del “plan de romper con la intermediación y confrontar con las multinacionales en la formación de precios. Por eso consideramos que sí somos culpables, por ayudar a los más humildes. Teníamos una  gravitación económica e ideológica, si se quiere, con un sentimiento nacional pero social, fundamentalmente”.

Los Iaccarino poseían una industria láctea en Santiago del Estero en la que llegaron a pagarles a los productores tamberos un 50 por ciento del precio del sachet en góndola, cuando históricamente recibían –y siguen recibiendo- entre el 19 y el 21 por ciento.

“Buscábamos generar una cuenca láctea en el noroeste argentino, que no existía, y creo que ahí es donde no ha estado bien visto nuestro plan”, por los grupos concentrados, formadores de precios”, asegura Alejandro Iaccarino.

Consultado acerca de cómo afectaba esto la rentabilidad del grupo, Carlos Iaccarino manifestó que su familia siempre consideró que “no era necesario que el industrial se llenara de plata en poco tiempo, sino que lo hiciera de una forma programada, pero correcta y justa”.

Los Iaccarino tuvieron “durante cuatro años centros de abaratamiento en La Plata, desde los que se abastecía a toda una ciudad con precios un 40 por ciento por debajo del valor de la canasta familiar, con carnes, verduras, frutas, pan y lácteos”.

“Esto era confrontar intereses, dos sistemas económicos. El gobierno tenía uno que apuntaba a la reducción empresaria, como en el caso de Aceros Grassi, una industria que desaparece para que Acindar, de la que (el ministro de Economía, José Alfredo)  Martínez de Hoz era dueño, pudiera quedar como líder y única, e ir cerrando las distintas vertientes de los grandes negocios”, indica Iaccarino.

La familia entera fue afectada por la represión, ya que además de padecer prisión y el enajenamiento ilegal de sus bienes durante la dictadura, sufrieron persecución hasta el inicio de la democracia en Santiago del Estero por parte del gobernador militar, general César Ochoa.

Producto de las torturas recibidas durante el cautiverio, el mayor de los hermanos, Rodolfo, padeció una angina de pecho que tiempo después determinó su muerte. El padre, Rodolfo Genaro Iaccarino padeció un accidente cerebro vascular a poco de recuperar la libertad, y la madre, Dora Venturino, padeció alteraciones mentales durante largo tiempo.

“Puede existir reparación, lo que se quiera, pero lo que ha sufrido toda la familia no tiene vuelta atrás, fue muy doloroso”, sostiene hoy Carlos, ante la inminencia del juicio.

“Es el primer caso de esta dimensión que se juzga en la Argentina. Esto va a ser altamente inspirador para todos los que sufrieron lo que nos tocó a nosotros. Queremos que sea un punto de inflexión, que abra una puerta para todos aquellos empresarios expoliados. Por eso creamos la Unión de Empresarios Argentinos, para defender la Patria, la Constitución y la democracia”, asegura Alejandro Iaccarino.

El 30 de abril de 2012, Alejandro fue blanco de un atentado en su casa, lo golpean con una pistola, a raíz de lo cual hoy ambos hermanos tienen custodia permanente de Gendarmería Nacional, lo que lo lleva a concluir que “aún hoy hay grupos económicos que en el poder invisible siguen funcionando”.