03/05/2013 estreno

Ignacio Masllorens rescata la figura del escultor Martn Blaszko

La figura del escultor Martín Blaszko, miembro fundacional del grupo vanguardista Madí y uno de los mayores exponentes de la abstracción geométrica en América Latina, es rescatada en toda su dimensión humana en “Martin Blaszko III”.

MARTIN BLASZKO III - Trailer

La película, que es parte de un proyecto mayor que incluye dos cortometrajes documentales en los que Masllorens revela el talento, el gran humor y la personalidad arrolladora de Blaszko, se verá a partir de mañana, todos los sábados a las 18 en el auditorio del Malba, ubicado en la avenida Figueroa Alcorta 3415 de la ciudad de Buenos Aires.

Nacido en Berlín en 1920 y fallecido en 2011 en Argentina, Blaszko fue escultor, pintor y dibujante, desarrolló desde sus inicios el arte abstracto y el concreto, y sus obras fueron exhibidas en numerosos museos y muestras alrededor del mundo, como la última, que se llevó a cabo en 2011 en el Malba y que justamente este documental registra en los momentos de su preparación.

En una entrevista con Télam, Masllorens describe la génesis y el proceso de este filme que registra al artista en la cotidianeidad de su taller, su hogar y otros espacios donde se demuestra como un creador minucioso, detallista y obsesivo, que -con un sobretodo, una bufanda y un sombrero al estilo del personaje de historieta Mister Magoo- puede revolucionar cualquier espacio con su particular humor.


¿Cómo conociste a Blaszko y qué fue lo que te llamó más la atención de él: su obra o su persona?
A Blaszko lo conocí en 2008 cuando hacía un documental sobre una muestra colectiva en el Tigre y él era uno de los artistas a entrevistar. Su departamento era un lugar increíble y al mismo tiempo agradable, lleno de obras y libros en español, inglés y alemán. Me cayó bien de entrada su excelente sentido del humor y el deseo constante de hablar y discutir sobre arte.


¿Fue difícil entablar una relación tan cercana como para que se abriera así a la cámara?
Yo siempre digo que este documental se filmó en apenas cuatro días, pero gracias a que ya nos conocíamos desde hacía unos tres años. Eso no fue algo premeditado. Simplemente se dio así. El haber realizado dos cortos previos con él  hizo que hubiera una confianza mutua. Esa familiaridad era tal que, cuando comencé a filmar, ni tuve que preguntar. Directamente llegaba, ponía la cámara y Martin no se inmutaba. Ya estábamos acostumbrados a esa rutina.


¿Cuándo decidiste y por qué, que no darías detalles de su obra e historia como artista, de sus opiniones o pensamientos, y te volcarías a registrarlo únicamente en su vida cotidiana?
La mayoría de los documentales que veo sobre artistas plásticos sufren cierta obligación de ser meras biografías o catálogos. Parecen estructurados a partir de la vida del retratado, de su currículum y sus etapas creativas; como si el peso de su obra anulase la posibilidad de crear una obra cinematográfica más libre e irresponsable. Quería evitar eso en este documental donde Blaszko y su obra son apenas un punto de partida.


¿Qué crees que lográs transmitir al capturar esos momentos tan aparentemente naturales y que luego se transforman casi en un paso de comedia absurda? ¿Fue una casualidad o Blaszko siempre tiene esa actitud obsesiva y al mismo tiempo delirante?
El documental comienza mostrando una naturalidad casi engañosa; una aparente quietud que luego, de a poco y sin obstáculos, va mutando en situaciones cada vez más disparatadas. Esto que quizás sea uno de los aciertos del filme, fue una cosa completamente azarosa: yo era consciente de que el registro de cada escena de un modo distante y en tomas largas, sumado a esa personalidad obsesiva y genial de Martin, iban a generar un material interesante; pero nunca llegué a imaginar el grado de delirio en que iba a terminar todo.

¿Qué representa MB dentro del panorama artístico argentino y latinoamericano?
Blaszko llegó al país en 1939, huyendo del nazismo y luego de vivir seis años en Polonia, donde estudió arte. En 1945, tras conocer a Carmelo Arden Quin y participar en el lanzamiento del grupo Madí, su producción dio un giro drástico y comenzó a crear obra abstracta y no figurativa, compuesta por pinturas de marco recortado, formas tridimensionales y esculturas monumentales que se asemejan a torres o monolitos. Toda esta producción hace que hoy en día sea considerado uno de los mayores exponentes de la abstracción geométrica en América Latina.


¿Esta es la tercera parte de un proyecto más largo y abarcador sobre su persona? ¿Por qué lo separaste en partes y qué temas de su vida o personalidad abordan los trabajos anteriores?
Este documental es el último de una trilogía dedicada a Blaszko y además es el único que terminó siendo un largometraje. Que sean una trilogía no significa que tengan que verse en orden o que para comprender uno hay que ver el resto. Son absolutamente independientes. Lo único que los une es que todos son diferentes aproximaciones a una misma persona, con la idea de desarrollar un procedimiento formal distinto en cada uno.
En este último intenté un documental de observación radical, compuesto por largas tomas fijas y angulares, con la menor cantidad de cortes posibles.


¿Cuándo falleció Blaszko?
Martin murió en agosto del 2011, poco tiempo después de la primera proyección del filme en el Bafici, al que no pudo asistir. Pero por suerte alcanzó a verlo conmigo desde una PC en su casa. Lo disfrutó y se rió mucho, pero -fiel a su personalidad- también sugirió con insistencia algunas modificaciones. Yo me negué rotundamente, pero a cambio le propuse filmar una nueva película juntos sobre los espacios públicos de Buenos Aires. En eso estábamos cuando falleció. 
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