28/04/2013 deceso

Ada Bortnik: una voz propia dentro del cine argentino

A veces lo que menos se dice es lo que más importa, sobre todo cuando se trata de bosquejar una semblanza acerca de uno de los personajes más ricos de la cinematografía nacional. Nunca más cierto en el caso de Aída Bortnik.

Por Fernando Ferreira

La historiografía oficial, vana y perezosa, resalta que fue autora del guión de “La historia oficial” ganadora del Oscar y del Globo de Oro (1985), que recibió un Konex de Platino y que fue la primera escritora latinoamericana que logró ser miembro permanente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográfica de Hollywood.

Aída Bortnik fue mucho más que esos impactantes reconocimientos. Fue parte de una generación que trató a través del cine encontrar una voz propia. Abrevó en el neorrealismo italiano a partir de una tendencia con determinadas premisas estéticas y un compromiso social siempre explícito.


Se acercó a la nouvelle vague y al free cinema inglés, en una búsqueda insaciable por desentrañar la cotidiana y frágil desesperación humana.

Bortnik amó el detallismo de “Alemania año cero” de Roberto Rossellini y el “Rocco y sus hermanos” de Luchino Visconti, se conmovió con Fernando Birri y con la Escuela de Cine de Santa Fe y admiró la cámara aluvional de Leonardo Favio.

Sufrió el exilio mientras los inquisidores masacraban a una generación y a poco de volver participó de Teatro Abierto. Fue una consecuente luchadora contra la censura y fue además, una excelente periodista como lo testimonian sus notas en Primera Plana y La Opinión en la década del setenta.

Buena anfitriona, sibarita, apasionada de la vida. Fue siempre la misma con personajes de la política, de la cultura o, simplemente, de la vida; se rodeó de los mejores libros de las películas entrañables y soñó con aquellas ciudades visitadas y vividas; fue una voz para la denuncia y una lágrima para el recuerdo con sus miedos y su pluma. Aída Bortnik fue grande por aquello que fue menos conocido.
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