22/04/2013 la expresin del color

Victor Chab, obras 2010-2013

Con esta nueva exposición, el artista muestra la vitalidad de 60 años con una pintura tributaria del movimiento surrealista, donde con una gestualidad libre crea una dialéctica que, como una danza, conjuga destreza sensibilidad e inconsciente.

Por Viviana Ponieman

Hablar de Víctor Chab (1930) es no sólo hablar de su larga trayectoria y de su obra, sino de su opción por el surrealismo, como opción de diálogo con el mundo.

Para los surrealistas la obra nace del automatismo puro, es decir, cualquier forma de expresión en la que la mente no ejerza ningún tipo de control. Intentaron plasmar por medio de formas abstractas o figurativas simbólicas las imágenes de una realidad más profunda, del subconsciente y del mundo de los sueños.

Chab-Escena teatral
Chab-Escena teatral
El artista adhiere en su modo de producción con el surrealismo a través de sus premisas y no de lo que en general se propone como tal, ya que esta vertiente surgida en la Europa de posguerra, de la mano de André Breton y su manifiesto de 1924, surge como necesidad de crear un arte nuevo, que indagara en lo más profundo del ser humano, para lo cual incorporaron las incipientes teorías psicoanalíticas de Freud.

Este  método del que nunca se apartó y que trasmitió a sus alumnos en todos estos años,
no tiene que ver con lo irreal o lo fantástico, como tema,  sino con la exteriorización del subconsciente, con la asociación libre, con las nuevas construcciones del lenguaje, ya sea visual o escrito, con una actitud de desparpajo y sobre todo lúdica.

Y a eso se aboca Víctor Chab desde 1952 cuando conoce a Juan Andralis, alumno del Battle Planas con quien entabla una estrecha amistad de profunda compenetración intelectual. Aprende francés para poder leer de primera mano los textos de los surrealistas que se convierten en su referente poético. Es una época de gran avidez en la que el artista toma contacto sistemáticamente con el arte universal y contemporáneo.

Desde entonces Chab nunca abandona esta forma de pintar, sino que la profundiza.
Más allá de las tendencias, su actitud rescata lo pictórico, lo sensible, donde se revela el pensamiento artístico, el proceso creativo de los pintores de raza que, créase o no, enfrentan al mundo con una configuración de pensamiento diferente.

Chab-Hechicero
Chab-Hechicero


Fiel a sí mismo y su credo artístico se mantuvo al margen de los movimientos en boga, que abundan en lo conceptual, y cuyo resultado, a veces se torna pura disquisición teórica, otras se plasma en proyectos que de un modo más frío y calculado, resultan más cercanos al diseño que a la expresión.

Chab mancha las telas, en forma exuberante, da piedra libre al color y al accidente del agua, y a partir de allí, escucha lo que el material le dice, de ese modo aparecen formas y personajes, escenas de la vida cotidiana,  que a su vez el artista define, delinea, e interviene.

Si bien  sus trabajos de los años 90, sobre todo en la serie “Suite del canto cuarto” de 1994 que alude al infierno del Dante, están poblados por aires y citas a Picasso o Dalí, realizados en un dramático monocromo, que en sus negros también nos recuerdan a los “Caprichos” de Goya.

O  las pinturas anteriores donde las figuras se geometrizan en arquitecturas humanas, donde la textura de la materia da volumen y densidad a esos cuerpos, a través de la superposición de capas.

Chab-Poeta metafísico
Chab-Poeta metafsico
En las obras de los últimos años, es como si el artista obedeciera sin más, lo que le pide la mancha, el color, el accidente, que en definitiva es el propio registro de la acción.

De ese modo se desenvuelven grandes volúmenes, que sin abandonar su forma humana, pretenden una abstracción de puro deleite cromático, del disfrute de la curva, mucho más que otrora, ondas que circulan, se tocan, se transfieren, se pelean, se perturban, y sobre todo dialogan, en un “menage a trois”, la materia, el artista y su circunstancia.

Con una gestualidad libre, crea una dialéctica que, como en una danza, conjuga destreza sensibilidad e inconsciente.

El pintor, que navega por este maremágnum, a veces lava, a veces estanques verdiazules, noches oscuras o estrelladas, rescata del agua figuras, como si las salvara de una disolución, resalta partes, dibuja con una especie de plasticola, y crea una filigrana de arrugas y de detalles.

Con una línea que se corporiza como una valla, un grafismo que contiene el desborde, que guía la mirada.
De ese modo Chab, despliega un abanico cromático rico en texturas formas y colores, mientras nos ofrece distintos planos de lectura.

Chab-Venus
Chab-Venus


De lejos la maravilla de la pintura misma, las formas texturas y colores, encerradas a veces en un fondo gris, que apacigua esa marea y resalta las figuras.
Una lluvia de colores, que salpica, y nos convoca al tacto.

Y de cerca la interpretación de signos y símbolos, la expresividad y la ternura de esos cuerpos polimorfos, que con la ayuda de esos contornos blancos, nos hablan de la soledad del náufrago, del cuerpo de un sojuzgado, de las relaciones, de encuentros fortuitos, o de la vida cotidiana, llena de mujeres sirenas, que nos cantan.

Chab- Diálogo
Chab- Dilogo
Estos arquetipos filigranados, tatuados de grafismos no despiertan otra cosa que simpatía.

Este maestro autodidacta, que de casi niño supo que lo suyo eran los pinceles, que pasó brevemente por el taller de Urruchúa, que ejercitó el oficio de pintor en Meeba donde obtiene a los 17 años el 2° premio del salón, por un jurado integrado por Antonio Berni y Victorica, y que luego destruye en el patio de su casa de Villa Urquiza todas las obras anteriores a su primer muestra en 1952.

Expuso desde entonces casi todos los años en muestras individuales y colectivas,  prolífico pintor buscó territorios poco frecuentados por nuestros artistas, como Centroamérica, México, El Salvador, Ecuador o Lima.

Aunque convoque fantasmas Víctor Chab es un ilustrador de sueños, donde figura y fondo se abrazan en una danza a veces misteriosa.
En una marea de colores y en tono risueño nos habla de nosotros mismos.



La vitalidad de este maestro se puede ver en estos 27 acrílicos, realizados en los últimos años, hasta el 26 de abril, de 17 a 20 en The Art Gallery, Uruguay 967, con entrada libre y gratuita.