16/04/2013 Marcela Bublik

Todas las vidas de Rosa Roisinblit, Abuela de Plaza de mayo

En Abuela, la escritora y música Marcela Bublik deshoja la historia de Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y junto a ella recorre los caminos que la condujeron a transformarse en una indiscutible referente de los derechos humanos más allá de las fronteras de nuestro país.

Por Milena Heinrich

 
Rosa y su biógrafa se conocieron casi por azar. La autora fue galardonada con el Certamen de Letras de Tango X la Identidad que organizan las Abuelas de Plaza de Mayo y en la reunión de entrega Rosa vio su apellido y preguntó "¿Bublik? ¿Tenés algo que ver con Toto?".
 
Cuando la autora contó que era su papá, Rosa dijo: "Es un chico de mi pueblo". A partir de ahí, "nació un romance entre nosotras", adelanta Bublik a Télam.
 
Acaso por eso, este libro (Marea) "no deja de decir cosas, pero amorosamente", explica la autora sobre esta biografía dialogada en la que brotan recuerdos, anécdotas, vivencias: la ruta de vida que llevó a Rosa, fortuitamente, a transformarse en una enérgica y contundente luchadora, todavía hoy con sus 93 años.
 
Entre charlas y marchas, "llegamos a la idea de que escribiera el libro de su vida. Mi idea no era hacer un documento exhaustivo de la institución de las Abuelas, sino de la figura de Rosa, con toda su potencia y su fuerza y todo lo que ella significa. Siempre procuré que estuviera el marco histórico, institucional", detalla.
 
"Fui a ver cómo fue su infancia, su juventud, su vida anterior. Su vida pública tiene mucho que ver con eso, con la manera de llevar su lucha adelante”, explica Bublik sobre esta mujer "tan chiquita y aparentemente frágil pero llena de fuerza y humanidad".
 
En este testimonio fundamental para la historia reciente, Bublik con tono sentido y vital cabalga por las raíces de Roisinblit(1919), su juventud, su adolescencia, su profesión de partera, sus inquietudes, pasiones e intereses que jamás imaginaron semejante destino.
 
Es que, la única hija de Rosa, Patricia, desapareció embarazada de ocho meses; Rosa buscó incansablemente a ella y a su nieto, nacido en la ESMA. Su búsqueda se convirtió en la búsqueda colectiva -junto a las Abuelas de Plaza de Mayo- de todos los bebés apropiados por la última dictadura militar (1976-1983).


Para Bublik, la transformación de una joven de Moisesville (Santa Fe) a referente internacional de los Derechos Humanos "tiene que ver con la circunstancia. Ella es la misma persona, su esencia no cambió, lo que cambió fue su rol en la sociedad".
 
"Si Rosa no hubiese sufrido lo que sufrió -piensa la autora- seguramente sería una señora de su edad muy particular, con un montón de inquietudes artísticas, intelectuales, sociales. Pero no lo es: es una figura pública, que puso toda su pasión en la lucha".
 
Si bien el relato es doloroso por lo que encarna, la música pone el acento en lo que Rosa es: pura vida. Con más de 90 años viaja por el mundo en pos de difundir su trabajo en la defensa de los derechos humanos por un "nunca más", visita escuelas y universidades; cocina como nunca y mantiene la memoria -la suya y la de todos- inalterablemente vital.
 
Para entrar en su intimidad, Bublik invita al lector a bucear por la vida de Rosa a través de ella y sus mujeres: Alte, su madre; Patricia, su hija; y Mariana, su nieta. "No tenía dudas de que la génesis del libro tenía que ser la saga de esas cuatro mujeres, las cuatro mamuschkas", desliza.
 
Así, sobre esta conexión que tuvo con la hija desaparecida de Rosa, la autora cuenta que conoció a Patricia, como a una par de su generación: "No sólo a través de Rosa como madre herida y de inmenso amor, sino de sus compañeras. Fue muy emocionante. Me dio la posibilidad, que no imaginaba, de escribir el capítulo dirigiéndome a ella".
 
Es que al igual que Rosa, opina Bublik, "todos fuimos heridos por esa historia". Por eso este libro lo imaginé "pensando en ti, en mi, en Rosa, en todas las Abuelas y en quienes lo iban a leer".
 
"Abuela" se mete en el corazón de la defensa de los derechos humanos desde la figura ocurrente de una mujer cuyo legado colectivo -a partir de la pérdida de su hija, el acompañamiento de su pequeña nieta y la búsqueda de su segundo nieto nacido en la ESMA-, es sin duda un icono de humanidad que atraviesa generaciones.
 
"Hoy, Rosa -concluye Bublik- es una joven hermosa de 93 años con lucidez, fuerza y convicción. Una mujer que no se bajó nunca de lo que tomó como su misión en la vida".