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De 50 años, Nicolás Maduro llevaba seis años como jefe de la diplomacia venezolana cuando, a poco de ganar una nueva reelección, en octubre pasado, Chávez le sumó el cargo de vicepresidente, lo que terminaba de darle el cartel de "hombre fuerte" del oficialismo.

En la noche del 8 de diciembre, Chávez pidió a los venezolanos que si su enfermedad lo alejaba del cargo, respaldaran a Maduro en eventuales elecciones como candidato del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Caraqueño, nacido en 1962, Maduro fue en sus años de estudiante militante del maoísmo y chofer del Metro de la capital venezolana, desde donde llegó al liderazgo sindical en los 90.

Conoció a Chávez mientras el ahora mandatario estaba preso en la cárcel de Yare por la fallida revuelta popular de febrero de 1992, porque su esposa, la abogada y actual procuradora del país, Cilia Flores, fue una de las encargadas de luchar por su liberación.

Fue uno de los fundadores del Movimiento V República (MVR), que luego derivó en el PSUV, y resultó elegido diputado en 2000 tras haber participado en la redacción de la nueva Constitución de 1999.

Sin formación universitaria, en enero de 2006 fue designado presidente del Parlamento, pero en agosto se mudó al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se convirtió en el ministro más duradero de la era Chávez. 

Considerado por los analistas y medios caraqueños un "cuadro" del oficialismo, al ungirlo como su sucesor, algunos aseguran que Chávez laudó sobre una pulseada en la que el canciller dejó atrás al titular de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello; al ministro de Interior, Tareck El Aissami; y hasta a Adán Chávez, gobernador de Barinas y hermano mayor del presidente. 
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