12/03/2013 SCHALOM

Cuando la violencia se hace sangre

En La sangre que corre, la escritora Myrtha Schalom reconstruye desde la mirada de una mujer la violencia ejercida en el siglo XX, una suerte de novela histórica en donde la búsqueda de libertad se debate con los mandatos impuestos de la sociedad patriarcal.

Por Milena Heinrich

En la novela editada por Galerna, Samuel y Berta es un matrimonio judío que desembarca en el barrio de Mataderos con promesas laborales ilusionadas que luego se desvanecerán.
 
Allí conocerán al mítico boxeador "El Torito", con quien Berta —la protagonista— se disputará el deseo, el sentido del amor, la fidelidad, la ortodoxia judía y el lugar de la mujer, no sólo en la sociedad de su época, sino en la religión que profesa por tradición.
 
"El barrio de Mataderos es el último bastión de la tradición criolla, junto al mito del boxeador Justo Suárez, a quien elegí como representante de los paisanos por su increíble fortaleza física y emocional y por su pertenencia de clase. Ese criollismo tenía que contrastarlo con personajes cuyas costumbres fueran distintas", dice Schalom a Télam, también autora de la exitosa novela La Polaca.
 
Con el matrimonio de inmigrantes, ella actriz vocacional y él matarife, la escritora además de jugar con la convivencia de dos culturas, traza un mapa emocional de la inmigración judía en Argentina donde las sensaciones más íntimas ("miedo, inseguridad, desconcierto") se hacen eco en los pensamientos de los personajes.
 
La relación multicultural es el disparador de esta trama atravesada por la sangre, la carne y la violencia; una historia que va de 1926 y llega hasta 1975 con la Triple A: "Una época —según la autora—, bisagra para la Argentina, con golpes de Estado, guerras en Europa y mujeres que empiezan a levantar cabeza".
 
A través del personaje de Berta —una soñadora que se atreve a rasgar el orden establecido—, Schalom retrata problemáticas de género del siglo XX vinculadas al silencio, al quiebre de ciertas ataduras, su rol en el ámbito público y privado e inclusive la trata de personas, una forma —asegura la autora— "de resistir desde la literatura".
 
Así, la famosa red de proxenetas Zwi Migdal, una organización mundial de trata de mujeres judías con sede en Argentina en la década del 30, Schalom la vuelve a traer al presente como una alarma: "Un paralelismo con Marita Verón y tantas otras chicas", sentencia.
 
En ese sentido, confía la escritora, "la novela pretende no perder la memoria de los horrores del siglo pasado ni los de ahora. Anhelo disfrutar de lo que mis personajes se atrevieron a soñar, de su resistencia para conseguir sus deseos a pesar de las violencias a las que fueron sometidos".
 

"Mi escritura tiene que ver con la dramaturgia"

Schalom nació en Buenos Aires; es actriz y escritora. Se recibió de contadora pública pero siempre supo que su pasión era la actuación, hasta que soltó trabas y se dedicó por completo al teatro y luego a la escritura. Este orden de intereses se reflejan en su literatura; ella misma señala: "Mi escritura tiene que ver con la dramaturgia".
 
"Soy judía. Siempre quise saber de esos hombres y mujeres que llegaron a Argentina con muy poco", dice esta autora que investigó intensamente la inmigración en el país, tema que la convocó en La Polaca, una historia real adaptada al teatro como "En el nombre de Raquel", que recrea la vida de Raquel Liberman, la joven nacida en Polonia que en 1929 denunció a una red de trata internacional.
 
Otro personaje real, El torito, quien dio inicio sin querer a La Sangre que corre. Hace 20 años la autora, atrapada por su figura de boxeador enamoradizo, buen mozo, aguerrido, comenzó una investigación por su cuenta, que completó en 2001, movilizada por la crisis económico social que sacudió al país.
 
"Conmovida por la violencia de la calle, la ferocidad en las acciones, el acto del desangrado en la faena del matadero, me pregunté ¿Qué nos está pasando como sociedad?", rememora Schalom sobre el hecho que motorizó la novela que tuvo en Justo Suárez al perfecto mito romántico que ella necesitaba.
 
También inspirada en "El Matadero" de Esteban Echeverría (1871), el libro aprovecha guiños documentales que se entremezclan con la ficción: "Me gusta que sea verosímil lo que cuento. Lo que escribo -refuerza y resume- es resistencia, como la de mis personajes, como la de Berta, es el antónimo de la indolencia".