21/02/2013 EROTISMO

Un poco de amor burgus

Historias potentes capaces de relegar el erotismo a un segundo plano definen la narrativa del escritor uruguayo Ercole Lissardi, que en la flamante trilogía de nouvelles titulada El centro del mundo elude las convenciones del género para trazar un recorrido que subraya el poder de lo no dicho en sociedades atravesadas por la angustia metafísica y las tensiones de la moral burguesa.

Por Julieta Grosso

La arena esparcida sobre el cadáver de Elías no llega a disimular los ángulos perfectos del adolescente que horas antes descubrió  el amor casi al mismo tiempo que se confrontaba con el fin de la vida: erotismo y muerte, la clásica formulación de Georges Bataille que testimonia la experiencia de disolución del yo condensada en el acto sexual, traza las primeras coordenadas de la trilogía de nouvelles reunidas en el libro de Lissardi.
 
Este hombre que descubrió la literatura a los 40 años y apostó al cambio de identidad para sellar un pasado que prefiere mantener oculto, ofrece una cartografía eclipsada por el erotismo, aunque no es ajena al registro político y social que recorre de manera subterránea historias como "La educación burguesa", último de los relatos de El centro del mundo (Planeta).
 
"Hay un sustrato común entre las tres historias, pero al mismo tiempo creo que exponen aspectos diferentes -relata Lissari a Télam-. El centro del mundo es fantasiosa y barroca, «La diosa idiota» tiene que ver con la angustia metafísica y «La educación burguesa» muestra una dimensión política dentro de mi literatura".
 
"El centro del mundo es el cadáver. Así dice un antiguo proverbio del lugar del que provengo. Con cada hombre que expira se apaga un mundo, y el cadáver -efímeramente magnífico en su belleza y pletórico de significados- es el punto de fuga por el que ese mundo se abisma y desaparece. El cadáver es el instante de esplendor de un mundo que colapsa. Su supernova", escribe.
 
Este escritor nacido en 1951 imaginó de joven un futuro asociado a la economía, pero al iniciar los estudios universitarios  sobrevino la dictadura militar y debió exiliarse en México.


Se desempeñó como secretario en un sanatorio, docente de cinematografía y director de un noticiero, hasta que en 1995 descubrió la literatura y exploró sus posibilidades en obras como Interludio, interlunio, El amante espléndido, El secreto de Romina Lucas, Ulisa y La bestia, entre otras.
 
En su narrativa, Lissardi plantea una aproximación a lo erótico que elude la imaginería clásica del género y apuesta a una prosa cuyo poder subversivo se concentra en alegorías que vinculan mundos en apariencia irreconciliables, lejos de la adjetivación pirotécnica o el regodeo impúdico.
 
"El primer relato narra las peripecias de un cadáver y toda la progresión que llevó a un joven a convertirse en ese cadáver. El fuerte de la historia es ese contrapunto que ilustra al deseo como una fuerza transgresora difícil de manejar cuando se libera. El protagonista descubre la naturaleza de su deseo, pero como es un ser débil no soporta el grado de abyección que implica", apunta.
 
¿La necrofilia es una variante legítima del erotismo? Lissardi recorre con su escritura ese cuerpo que aún inerte es capaz de encender el deseo y se pregunta hasta qué punto la condición vital es atributo excluyente para la belleza. No conforme, se interroga sobre los alcances del arte y su condición para estetizar esa anatomía hercúlea que parece desafiar la morbidez de la muerte.
 
"No es habitual que se trabaje en la literatura la cuestión de la necrofilia. Recuerdo un cuento del chileno Roberto Bolaño y el film «Viridiana» de Luis Buñuel. En mi caso, traté de atenuar su impacto con cierto humor negro y un trasfondo policial", señala.
 
Esta trilogía también pone en circulación una idea de lo erótico que jerarquiza el valor de lo no dicho, de lo que los personajes callan y esconden, una formulación que Lissardi consuma en "La educación burguesa", relato de orden político sobre la tensión entre el deseo y los mandatos sociales.
 
"En el mundo burgués mientras las apariencias funcionan todo está bien. En este caso, dos matrimonios se llevan bien y conciben la idea de que sus hijos deben estar juntos -explica-. La historia juega a mostrar la subtrama de lo que no se dice, se escamotea y escapa a las apariencias".
 
Lissardi suma otro juego de opuestos que altera las convenciones del género: son los personajes femeninos los encargados de desafiar lo establecido, generando en sus congéneres masculinos un repertorio de efectos indeseados que va desde la radicalidad de Elías hasta el estupor del protagonista de "La diosa idiota" -al no comprender la naturaleza del deseo disparado por la mujer de su amigo- y la perplejidad del joven que en "La educación burguesa" se enamora de la mujer menos pensada. 
 
"En la mayor parte de la literatura erótica, los personajes funcionan literalmente como objetos, no tienen la densidad que tienen en el mundo real. Por el contrario, en la mayoría de mis relatos los personajes femeninos son complejos, se rebelan y son los que imponen el signo de la acción", concede el escritor.
 
¿Cómo describir el punto de encuentro entre la faena sexual y un relato que contempla problemáticas ajenas al diálogo entre los cuerpos? "Tengo en claro que no escribo pornografía -afirma-. A la  pornografía sólo le interesa mostrar cuerpos en acción sexual".
 
El LadOculto / Canal 20 / Ercole Lissardi

"El arte erótico, el que me interesa, nunca muestra sexualidad sola sino al servicio de personas que ven irrumpir en su vida el deseo como una fuerza salvaje. Y aunque parezcan fuertemente sexuales, los personajes de mis libros tienen problemas y una angustia metafísica que los define", apunta el escritor.
 
"En «La diosa idiota», por ejemplo, el tipo tiene una exasperación de índole metafísica porque no comprende qué lo lleva a estar metido en una relación que lo irrita tanto. Me interesa mostrar los efectos de la educación burguesa y los hábitos sexuales en ese contexto. El acto sexual y el contexto en que eso sucede es lo mismo", concluye.