11/02/2013 ESTRENO

Martn Oesterheld estrena "La multitud" en un promisorio debut como director

Se trata de un atractivo documental que revela el estado de abandono y ruina de grandes proyectos arquitectónicos porteños como la Ciudad Deportiva de La Boca y el Parque de la Ciudad.

Proyectada por primera vez en el Bafici, en una sección que reúne filmes que tienen a la arquitectura como eje, “La multitud” es un minucioso ensayo visual que registra el avance de ciertas desigualdades sociales en asentamientos que emergieron alrededor de esos proyectos urbanísticos iniciados en los 70 y principios de los 80 en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires.

Martn Oesterheld estrena La multitud


La opera prima de Oesterheld, que se desempeñó como director de arte en diferentes producciones,  describe -con una inusual belleza y potencia visual- los alrededores del Barrio Rodrigo Bueno, que rodea al desmantelado predio de la ex Ciudad Deportiva de la Boca construido en 1968 y abandonado una década más tarde, y el de la Villa 20, también sobre el cordón Sur, en el barrio de Villa Lugano.

Este asentamiento intermedia el complejo habitacional Lugano 1 y 2 con las ruinas del abandonado parque de diversiones Interama, inaugurado en 1982, bajo el régimen militar, que luego pasó a convertirse en el Parque de la Ciudad, que posee la torre más alta de Argentina, pero que permanece en desuso.

“La búsqueda de la película es descubrir de qué manera están habitadas las ruinas de esos espacios, cómo es el hábitat actual que rodea a esas ruinas y cómo esa inestabilidad donde vive esa gente funciona como un comentario entre esos paisajes ruinosos y la construcción de zonas residenciales y lujosas como Puerto Madero, por ejemplo”, afirmó el cineasta.

En una entrevista con Télam, Oesterheld señaló que “la idea era registrar esas construcciones en un espacio desolado y arrasado por el tiempo que pasó. El destino de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires está determinado un poco por el olvido y el amontonamiento. Es un lugar donde se amontonan autos desguazados, pero también recuerdos y anhelos frustrados”.

“Quería revelar la distopía generada por esa especie de futuro proyectado y colapsado, que se fue desmantelado. La vieja torre de Interama es una especie de fantasma oculto a espaldas de la ciudad. Es como una negación voluntaria no observarla ni usarla, siendo uno de los miradores más altos de Latinoamérica”, se lamentó el realizador.

En el documental, Oesterheld muestra además cómo en torno a estos predios desolados se va construyendo en paralelo otra ciudad escondida, sobre la que algunas personas van a la deriva recorriendo un territorio transformado por el olvido.

“La de estos personajes es una especie de deriva. Son personas cuyo lugar está siempre en discusión por la precariedad en la que viven. Me interesaba cómo funcionaban esas arquitecturas en relación con la ruina y con el tiempo, y cómo todo eso afectaba a esta gente”, agregó.

Oesterheld, quien se volcó a “una manera absolutamente intuitiva de filmar”, sostuvo: “No me considero un director de cine, pero hay un terreno del lenguaje cinematográfico que me interesó mucho y que me gustaría seguir abordando, porque  tiene que ver con la experiencia del cine y con una sensación casi muscular de las imágenes”.

“Hay una relación entre las imágenes y el relato, un lugar donde uno entabla una relación casi física con las imágenes, y eso me parece importante. Hay mucho cine relacionado con eso, un lugar donde se produce una relación más corporal con las imágenes que te rodean”, explicó.

Oesterheld sostuvo que a él le interesaba este trabajo “como un comentario y no como una opinión final sobre estos personajes, sino más bien como un cruce y un paseo sobre cosas que no vemos de nuestra ciudad”.
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