29/01/2013 Recomendaciones

Lecturas para el verano, segn escritores argentinos

Los escritores Leonardo Oyola, Sebastián Robles, Federico Andahazi y María Teresa Andruetto brindan claves literarias para leer en tiempos de descanso, con textos que apelan al terror y al thriller, las obsesiones, la reconstrucción histórica y la desolación del amor, escritos tanto por autores consagrados como por nuevos talentos.

Sebastián Robles, autor de la novela Los años felices (Pánico el pánico), recomienda El mal menor (FCE), de C.E. Feiling: "Es su obra maestra. Una novela de terror donde se enlaza en un equilibrio perfecto la tradición narrativa que se inicia con Echeverría y Sarmiento, con el terror anglosajón de Stephen King. Atrapante y terrorífica al mismo tiempo".
 
Otro libro es Instrucciones para dar el gran batacazo intelectual argentino (Reina Negra), de Juan Terranova. "Zombies, el fin del mundo, la literatura, internet. En este libro desfilan las obsesiones de su autor, que son también las de su época. Imprescindible para entender hacia dónde se dirige la narrativa del porvenir", dice Robles.
 
Colorado Kid (DeBolsillo) de Stephen King es otra recomendación del joven autor:  "Esta breve novela es simple. Un hombre aparece muerto en una pequeña isla de Maine. Los interrogantes se acumulan: ¿quién es? ¿cómo murió? ¿por qué estaba ahí? A medida que avanza el relato, queda claro que a King le interesa menos resolver los enigmas que construir una incógnita perfecta y preguntarse por la naturaleza del misterio".
 
Leo Oyola, autor de Kryptonita considerado uno de los mejores libros en 2011, apuesta por El mosto y la queresa de Mario Castells. "Es una historia sencilla con paraguayas que nos enamoran perdidamente con su andar, voley en el campo, palabras dulces en guaraní, cuatreros, un machismo jurásico todavía vigente, bailes, casamientos varios y pistolas que se disparan solas".
 
También va por La culpa es de Francia (Emecé) escrito por Washington Cucurto, que para Oyola, "se mandó un policial sin dejar de lado la firma de su realismo atolondrado; en el que el protagonista es capaz de convertirse en un simio gigante a lo Dragon Ball, se mete bala porque sí y hay dos patas negras de antología: los Federico Quispe & Tugurio".
 
Finalmente, el escritor considera a La laguna de Carolina Aguirre. "Es un thriller asfixiante sobre un pobre tipo que para salvar su trabajo miente. Y la cosa se le va de las manos", cuenta sobre este folletín en seis entregas que se puede leer gratis online en blog de la revista Orsai.
 
Para Federico Andahazi, uno de los libros para leer esta temporada es En la Frontera (Mondadori), de Corman McCarthy. "Es una de las mejores novelas americanas de todos los tiempos. En la senda de Jack London, Faulkner y Melville, McCarthy construye un libro perfecto con la mínima cantidad de recursos".
 
Protagonizada por dos adolescentes, "la narración por momentos descarnada, por momentos poética, transcurre en aquella extensa patria que, lejos de los límites cartográficos, constituye la incierta frontera entre Estados Unidos y México, a mediados del siglo XX", adelanta el autor de El anatomista.
 
Andahazi opta por La Hermana (Salamandra), de Sándor Márai. "Es, tal vez, la novela que más se diferencia del resto de la obra del húngaro. En medio del horror de la segunda Guerra Mundial, un grupo de turistas se refugia en un hostal en las montañas de Transilvania. Acosados por una lluvia que amenaza perpetuarse, se ven obligados a la reclusión durante los días previos a la Navidad".
 
"El protagonista —cuenta a Télam— es un escritor muy semejante al propio Márai que se reencontrará con un músico que en su momento gozó de fama y prestigio y, por entonces, era un hombre solitario, enfermo y olvidado. A partir de ese momento el relato reconstruye la vida y la tragedia de aquel hombre que sintetiza en su infortunio el patético destino de la humanidad".
 
Decidido a saltar el "inútil escollo de la modestia", Andahazi recomienda El libro de los placeres prohibidos de su autoría y publicado hace unos meses por Planeta. "Acabo de escribir el libro que me hubiese gustado leer y no encuentro razón para no recomendarlo", dice.
 
Con la estructura de un thriller ambientado en la Edad Media, la novela tiene dos escenarios: uno, un extravagante burdel en Mainz acosado por un incógnito asesino que mata y luego desuella, una por una, a las aterradas meretrices. El otro, el juicio al falsificador más grande de todos los tiempos: Johannes Gutenberg.
 
"Entre la ficción y la rigurosa reconstrucción histórica, los personajes llevarán al lector hacia el secreto que todos quieren conocer: el mítico Libri voluptation prohibitorum, es decir, el Libro de los placeres prohibidos", dice.
 
Para María Teresa Andruetto, ganadora del premio Hans Christian Andersen, los libros para leer tranquilos este veranos son Un sudaca en la Corte, (Caballo negro) de Daniel Moyano; La hija de la cabra (Bajo la luna), de Mercedes Araujo y Los enamorados (La bestia equilátera), de Alfred Hayes.
 
Un sudaca en la Corte son cinco relatos breves y una nouvelle en la que el sudaca, cuenta Andruetto, "recibe una carta del Rey invitándolo a la fiesta de cumpleaños de Cervantes. Esto dispara una desopilante sucesión de absurdos que tiene su correspondencia en la historia de nuestro continente, desde la búsqueda del traje que reclama la etiqueta hasta los problemas que el pobre sudaca tiene con los zapatos, incluso las convenciones sociales".
 
"Cunampas, el cacique de Las Lagunas, da asilo a un prófugo blanco y su hija, destinada al próximo líder, se enreda con el forastero. El escenario es la tierra de los huarpes, en el desierto mendocino, un mundo hasta ahora sin registros en nuestra literatura. El lenguaje es potente, refinado, extraño; quiero decir, extraordinario", indica sobre La hija de la cabra, que ganó en 2012 el Premio Novela Fondo Nacional de las Artes.
 
Los enamorados, es para la escritora, un libro sobre el amor o la imposibilidad del amor. Esta novela de Alfred Hayes es "el tortuoso camino de un hombre hacia la subjetividad femenina".
 
"La cualidad mayor es una prosa, tersa como la seda, que nos lleva de la nariz tras la desolación del pobre enamorado. Para leer de un tirón en la sierra o en la playa y, si uno tiene ganas releer después lentamente, saboreándolo", concluye una de las autoras más prolíficas del país.