14/01/2013 JUZGAR POR LAS APARIENCIAS

Un estudio asegura que la fisonoma y el carcter de las personas "no tienen relacin entre s"

La fisonomía y los rasgos de carácter de las personas no están relacionados "de ninguna manera entre sí", lo que pone en tela de juicio el neodeterminismo genético que provoca hoy discriminación, entre otros actos de injusticia, muchos de ellos con consecuencias irreversibles, afirmó un trabajo científico.

Por Cecilia Aldini

En un trabajo publicado por la revista estadounidense Plos One, un consorcio de investigadores de Argentina, México, Brasil y España refutó una serie de estudios que en los últimos años volvió a intentar vincular ciertos rasgos faciales con comportamientos antiéticos.



"De manera general esas teorías proponen por ejemplo que los hombres con caras más anchas que altas tienden a ser más agresivos y tramposos, lo que quedó descartado con nuestra investigación", dijo a Télam Rolando González-José, coordinador del trabajo e investigador independiente del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-Conicet).

Basadas en una "hipótesis adaptacionista", la serie de nuevos trabajos que rememoran las antiguas teorías impulsadas por el criminalista italiano Cesare Lombroso, "cae en una suerte de determinismo genético muy peligroso", sostuvo el científico.
Lombroso, que vivió durante el siglo XIX, destinó gran parte de su carrera profesional a demostrar la supuesta asociación entre las características físicas -especialmente la forma del rostro- y determinados comportamientos agresivos.

Según la Biología, el "adaptacionismo" es la perspectiva que considera que cada rasgo observable en los organismos es una adaptación alcanzada por selección natural.

"Si la hipótesis de que las mujeres eligieron a lo largo de la historia varones con caras más anchas es verdadera, entonces uno debería ver esas huellas en la variación actual de los rostros, es decir en los descendientes, en la población general. Y no las encontramos", dijo González-José.

Para llegar a esta conclusión "buscamos en diferentes poblaciones humanas si había rastros de selección que habrían favorecido en el pasado a los varones con caras supuestamente más agresivas o dominantes, que las mujeres podrían haber elegido por sobre otras caras", explicó el científico.

Según la publicación del consorcio, el análisis de los rasgos se hizo en casi 5.000 hombres y mujeres de 94 sociedades modernas de todo el mundo, incluyendo no sólo comunidades rurales, urbanas e indígenas, sino también poblaciones de personas en contexto de encierro.

Raúl Carnese, director de la sección de antropología biológica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, consideró que el hecho de que se hayan analizado diferentes grupos de todo el mundo aportó datos únicos.
"Combina información biológica y sociocultural, y como la muestra es muy grande permitió a los investigadores valorar las variaciones intra e interpoblacionales", afirmó Carnese.

Estadísticamente, los resultados muestran que las proporciones de la cara no influyen en ninguno de los dos sexos a la hora de elegir sus parejas.

El estudio demuestra además que los hombres con rostros más anchos tampoco tienen más hijos, lo que permitiría descartar la hipótesis de que las mujeres los eligen más.

Finalmente, los investigadores aseguran que en la muestra tomada en la penitenciaría de la ciudad de México no hay diferencias significativas entre las caras de hombres condenados por homicidio o robo, supuestamente más dominantes o agresivos y el resto de las personas analizadas.

"Aplicar esos falsos `indicadores faciales` podría llevar a una suerte de estigma negativo en cuestiones que van desde una entrevista laboral o el ingreso a la universidad hasta un juicio por tribunal"


Claiton Bau


En conclusión, analizó González-José, "la hipótesis de que las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad eligieron varones con caras `agresivas` o dominantes queda descartada: no hay ninguna señal evolutiva que apoye dicha idea".

Para Claiton Bau, del departamento de genética de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil, y otro de los autores de la investigación, "asumir que la personalidad de un individuo está determinada genéticamente y que esos caracteres se reflejan en la forma del rostro puede acarrear dos tipos de consecuencias".

En primer lugar, señaló, "aplicar esos falsos `indicadores faciales` podría llevar a una suerte de estigma negativo en cuestiones que van desde una entrevista laboral o el ingreso a la universidad hasta un juicio por tribunal".
Mientras que "el concepto errado de la influencia de la genética en el comportamiento en forma simple y directa permitiría predecir por la anatomía facial", lo que no es verdadero.

Según se plantea en el estudio de Plos One, "en la formación del carácter de las personas interviene una serie de factores que van desde lo socio-cultural hasta el ámbito familiar y la educación. La base genética del individuo explica un porcentaje bajísimo, si no nulo, de su comportamiento".

Otro punto es el efecto que tienen en la vida cotidiana los trabajos que postulan que los rostros reflejan rasgos de comportamiento. González-José coincide en que esos estudios pueden llevar no sólo a la segregación de personas sino además a conflictos de índole social.

"Últimamente hay un resurgir de artículos científicos que intentan ligar aspectos del comportamiento humano con una base genética", aseguró el investigador. González-José explicó que "algunos aspectos del fenotipo tienen más carga genética que otros. Los comportamentales, como las conductas violentas o la agresión, y las capacidades cognitivas tienen una base genética muy débil y una fuerte influencia ambiental".

Para el científico, comprobar esta falta de relación "le devuelve a las sociedades modernas la posibilidad de asumir un desafío: responsabilizarse activamente en la resolución de los problemas, asumir la influencia de lo ambiental (la cuestión social, económica, educativa y cultural) en el comportamiento de las personas, en vez de culpar a la genética".
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