El acuerdo alcanzado el pasado jueves en la Cumbre de la Unión Europea (UE) y de la Eurozona permitió alejar momentáneamente el estallido del euro, aunque profundiza, al mismo tiempo, la división de
Europa.
En realidad, el consenso difícilmente alcanzado entre los socios europeos en la madrugada del jueves debería considerarse más un anuncio, una propuesta a ser implementada, que un acuerdo propiamente dicho.
Tres son los ejes sobre los que reposa esta declaración de intenciones: ampliación del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) a un billón de euros, recorte de un 50% de la deuda de Grecia y, por último, recapitalización de los bancos.
Este último punto encubre, por otra parte, una jugada del eje franco-alemán para salvaguardar, con argucias contables, a sus bancos nacionales del "default involuntario" de Grecia, al costo de ahondar la crisis financiera de España.
El otro elemento central de esta Cumbre ha sido la exigencia de un mayor ajuste de las cuentas públicas a Italia, que llevará más temprano que tarde a una crisis política del gobierno del devaluado Silvio Berlusconi, y a una mayor división de la UE.
Las enfáticas declaraciones del presidente de Francia, Nicholas Sarkozy, en el sentido de que este consenso ha "salvado a Europa y al mundo" de una catástrofe, parece más una moción de deseos que una realidad tangible.
De hecho, los mercados que subieron hasta el 6% el jueves, cayeron ayer viernes tras análisis más serenos sobre el contenido real de los anuncios formulados al finalizar la Cumbre.
La ampliación del FEEF no ha sido detallado, como tampoco lo han sido ninguno de los otros dos acuerdos. Nadie ha indicado de dónde vendrán los fondos para llegar al billón de euros de este instrumento de asistencia para países que estén en riesgo de caer en "default" (el caso de Italia y España).
Ayer, un día después del final de la Cumbre, el titular del FEEF, Klaus Regling, aterrizó en China, escala previa a Tokio, para pedir a la potencia asiática que adquiera bonos del FEEF, lo mismo que hará hoy al llegar a la capital de Japón.
Hay que recordar, por otra parte, que actualmente el 40% de los bonos del FEEF han sido comprados por las naciones asiáticas.
La primera pregunta que seguramente le formularán sus interlocutores será por qué habrían de arriesgar ellos sus capitales para salvar a Europa cuando Alemania y los países del Norte europeo se niegan a incrementar su participación en el FEEF.
En la medida en que el Fondo no pueda efectivamente ampliarse, rápidamente, al billón de euros requerido, cualquier emergencia podría derrumbar la Eurozona.
Sin ir más lejos, si las agencias calificadoras cumplieran su advertencia de degradar la deuda de Francia, el FEEF quedaría herido de muerte y sin capacidad de actuación en el momento en que más se necesitaría su concurso.
En segundo lugar, la "solución" hallada para Grecia en la Cumbre ha sido acordar con los bancos acreedores de ese país que acepten "voluntariamente" un recorte del 50% del valor de los bonos griegos que tienen en cartera.
A juicio de Bruselas, este "default" encubierto supondría un alivio para Grecia que llevaría a una reducción de la deuda de ese país equivalente al 120% de su PBI para 2015.
Mientras tanto, la "troika" (UE, Banco Central Europeo (BCE) y el FMI) se instalarán permanentemente en Atenas para supervisar al milímetro el cumplimiento de los planes de austeridad que han hundido a Grecia en la depresión económica, de la cual no saldría al menos hasta 2013, según cálculos de su gobierno.
Pero lo más complicado de este esquema es convencer a los bancos a que lleguen a un acuerdo voluntario con Grecia para renunciar al 50% de sus acreencias, ya que esto implicaría una renuncia a cobrar sus seguros contra impagos soberandos (CDS, según sus siglas en inglés).
Por tanto, si los bancos se niegan a acordar con la UE este camino, la situación podría derivar exactamente en lo que los líderes europeos temen como a la peste y han querido evitar: un "default" en regla y desordenado que se extendería rápidamente a toda Europa.
Así lo afirmó Sarkozy el jueves cuando aseguró que se había logrado eliminar esa posibilidad. Pero la realidad es que ésta existe y en alto grado, a juzgar por los análisis de expertos y bancos.
Mientras avanza este proceso de convertir a Grecia en un protectorado, camino que en el futuro podrían seguir Italia, España y Portugal, la Cumbre ha diseñado una recapitalización de los bancos europeos para adecuarlos al "default" griego y los nuevos capitales mínimos establecidos por Basilea.
El monto de esa recapitalización ha sido fijado en 106.000 millones de euros e implica que las entidades financieras cumplan con el requisito de un 9% de capital mínimo de aquí al 30 de junio próximo, después de recalcular el valor de sus tenencias en bonos a precios de mercado.
Pero esta sola definición lleva a beneficiar a los bancos alemanes e ingleses cuyos títulos públicos están mucho mejor valorados a precios de mercado que los de España e Italia.
No por casualidad, los banqueros españoles han puesto el grito en el cielo, denunciando "discriminación" contra ellos en la decisión de la Cumbre que los obliga a obtener entre activos propios y préstamos del mercado la friolera de 26.000 millones de euros.
Detrás de esta decisión aparece una vez más el eje franco-alemán ya que la fecha utilizada para la cotización de los bonos públicos ha sido el 30 de septiembre pasado, cuando los títulos a 10 años de Francia rendían el 2,6% mientras ahora lo hacen al 3,1%.
De esta manera, también los bancos franceses casi no tienen que detraer capital, al igual que los de Alemania y Gran Bretaña, como sí lo tienen que hacer los españoles y los de Italia.
Todo indica que la aparición de otra ronda de pánico financiero podría no tardar demasiado. Y esta vez en condiciones de una mayor división económica y política de la UE.