El riesgo de que la crisis siria se extienda a otros países, o que intervengan otras naciones, renueva la discusión sobre el régimen de Bashar al Assad luego de que Rusia y China vetaran una resolución para que la ONU detenga las matanzas en ese país.
La situación es de tal gravedad que hoy parece imposible que el mandatario sirio pueda repetir la historia de su padre, Hafez, responsabilizado por la masacre de 10.000 personas en Hama, en 1982, y que después continuó en el poder hasta su muerte en 2000.
La represión del régimen en la ciudad de Homs, principal bastión rebelde, ha dividido el panorama internacional, con Rusia y China por un lado, y, por el otro, el Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea y Estados Unidos.
Desde que se iniciaron las protestas en marzo pasado, en el marco de la llamada “Primavera Arabe”, más de 6.000 personas murieron a causa de la represión del régimen, según informes citados por la ONU.
La violencia se extiende por toda Siria. Además, en varias ciudades libanesas, controladas por el movimiento chiíta Hezbollah, aliado al gobierno sirio, se registraron esta semana manifestaciones en contra de Al Assad.
“Ya murieron tantos. ¿Cuántos más deben morir antes de que se encuentre una solución política?”, se preguntó el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
Rusia, que tiene una base naval en Siria y le vende armas, acusa a Occidente de alimentar el conflicto y de venderle armas a los rebeldes.
Frente a este panorama, algunos analistas creen que el colapso del régimen provocaría profundas repercusiones en el mapa de Medio Oriente, ya que Irán perdería su contacto -a través de Damasco- con la guerrilla libanesa de Hezbollah.
A pesar del veto de Rusia y China contra un proyecto del Consejo de Seguridad de la ONU, Arabia Saudita está haciendo circular un nuevo texto que pide el cese de la violencia de ambas partes, con la propuesta de que el presidente Assad dé un paso al costado.
Según informes citados por el diario español El País existe la posibilidad que el tema sea tratado por la Asamblea Geneal, como una forma de sortear el veto ruso y chino.
La posible resolución incluiría desde el envío de ayuda humanitaria, ataques contra unidades del Ejército, y la creación de una franja de seguridad para proteger a los civiles.
En un artículo editorial, el diario The New York Times afirmó -a principio de semana- que “existen conversaciones en Washington y en otros lugares para armar al Ejército Libre de Siria (ELS), formado por una coalición de militares desertores y miembros de la oposición”.
El analista británico Robert Fisk vaticina que Al Assad resistirá un “largo tiempo” en el poder, ya que el mandatario controla aún las ciudades de Damasco y Aleppo -su capital económica-, mientras que sus principales unidades militares no se han pasado a la oposición.
En un comentario en el diario The Independent, Fisk señala que la destrucción del régimen apoyado por los alauitas “será una espada clavada en el alma del Irán chiíta”.
El analista sostiene que si se mira hacia Medio Oriente desde la ventana del palacio presidencial de Damasco se ve que los países del Golfo Pérsico “se han vuelto contra Siria”, incluida Turquía.
Mientras Ankara dijo que no permanecerá en silencio ante las masacres del pueblo sirio, el diario israelí Haaretz afirmó esta semana que un miembro de alta jerarquía de las fuerzas armadas iraníes llegó recientemente a Damasco para colaborar con el régimen.
El matutino, que citó una fuente del opositor Consejo Nacional Sirio, mencionó que Kassam Salimani, comandante de la fuerza Quds, la unidad de las fuerzas especiales de las Guardia Revolucionaria, asesorará al gobierno de al Assad.
La noticia no fue confirmada ni desmentida por el gobierno persa, que fue suspendido de la Liga Arabe a raíz de la represión que ejerce contra su pueblo. Este organismo -que en el pasado apoyó a Al Assad- pidió al Consejo de Seguridad que el presidente dé un paso al costado.
La crisis siria ha provocado un alineamiento espontáneo de las monarquías del Golfo Persico contra el régimen de Al Assad.
Por eso se cree que la caída de esta dinastía (que gobierna desde hace 42 años) beneficiará a Irán, país que compite con la monarquía de Arabia Saudita por el liderazgo de la región.
A pesar de la visita del canciller ruso a Damasco, Sergey V. Lavrov, para intentar una mediación de paz con al Assad, el gobierno continuó bombardeando posiciones del ELS.
Quizás en estas horas tengan más vigencia que nunca las palabras de la alta comisionada para los Derechos Humanos, la sudafricana Navi Pillay, quien afirmó: “Todas las evidencias indican que el Ejército sirio y las fuerzas de seguridad están involucradas” en la muerte de miles de manifestantes civiles.
A pesar de que la Casa Blanca dijo que no consideraba la posibilidad de enviar armas a los rebeldes, nada está dicho sobre el camino que tomará este conflicto en los próximos días.
La intervención de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) contra el derrocado dictador libio Muammar Kaddafi, en marzo pasado, generó muchas dudas en la comunidad internacional, ya que si bien protegió a civiles también favoreció al bando rebelde.
Muchos analistas se preguntan, sin encontrar aún la respuesta: ¿Hasta qué punto la ONU o la comunidad internacional pueden permanecer indiferentes ante las matanzas de un régimen despótico?