En un circuito proclive al homenaje y la celebración, a menudo teñido por la especulación, la panameña Patricia Vlieg, desde la aparente distancia que señala el territorio, evocó en la noche del viernes en Café Vinilo, con sinceridad artística, la herencia musical de Mercedes Sosa.
Con el apoyo de una voz versátil y dulce, una instrumentación diestra en las rítmicas del paisaje folclórico argentino y los arreglos de Lilián Saba, Vlieg entregó en Palermo un puñado de emblemas del repertorio de la fallecida Mercedes Sosa, condensados en su álbum "A una cantora".
La dirección musical de Saba aportó la sensibilidad y audacia imprescindible para ofrecer esas canciones, conocidas por todos, bajo un ángulo diferente.
En ese terreno sinuoso, Vlieg demostró pericia para encontrar, a partir de las inflexiones de su lenguaje, los acentos locales de la zamba ("Piedra y camino") y la chacarera ("Para cantar he nacido"); la canción litoraleña ("Carito") y la urbana ("Corazón al sur").
Ese tránsito de apropiaciones, expropiaciones y préstamos, que la profundidad musical de la panameña hizo posible, se tornó amable de la mano de una formación entrenada en las raíces sonoras de las provincias argentinas.
Ese colectivo fue integrado por Roberto Calvo (guitarra), Ricardo Cánepa (contrabajo), Marcelo Chiodi (flauta, quena, saxo y sikus), Juancho Perrone (percusión) y las apariciones como invitados de Irena Cadario (violín) y Susana Ratcliff (bandoneón).
Luego de presentar su enfoque del cancionero de la Negra, Vlieg se animó a mostrar la sonoridad centroamericana a través de "Para comprenderlo" (Ana Lucía Vlieg).
Prosiguieron citas musicales a Rubén Blades y Fito Páez y, en el desenlace, reaparecieron los clásicos: "Como la cigarra", "Todo cambia" y "Gracias a la vida".
Vlieg asume con sentimiento aquellas canciones a menudo corrompidas por la repetición mediática, el oportunismo y el gesto técnico rudimentario.
Y nos recuerda -a medio camino entre el pase de magia y la persuasión artística- que alguna vez también nos gustaron.